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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 132

JOSÉ ANDRÉS ÁLVARO OCÁRIZ llegó a hacerse efectiva y la armada, aumentada con siete carabelas, se dirigió a Sicilia para unirse a las veinte naves que allí se encontraban. Una vez en la isla italiana, la flota vizcaína se puso a las órdenes de Garcerán de Requesens, capitán general de la Armada de Sicilia, con la cual participó en el bloqueo de Gaeta logrando que sus enemigos no pudiesen recibir alimentos por mar. La huella vasca en la Reconquista Un frente que acababa de cerrarse en aquella época era el de la conquista del reino moro de Granada. De Hernando del Pulgar, en la Crónica de los Reyes Católicos, son estas palabras: «Era notorio por todo el mundo que las Españas en los tiempos antiguos fueron poseydas por los reyes sus progenitores; e que si los moros poseyan agora en España aquella tierra del reyno de Granada, aquella posesión era tiranía e no jurídica. E que por escusar esta tiranía, los reyes sus progenitores de Castilla y de León, con quien confina aquel reyno, siempre pugnaron por restituyr a su señorío, segúnd que antes avía sido». Las gentes del señorío de Vizcaya, desde las épocas más tempranas, participaron en la dilatada disputa que por las tierras peninsulares mantuvieron el cristianismo y el islam. Veremos que los vizcaínos, como copartícipes en la caída del último baluarte musulmán de la Península (el reino nazarí de Granada), no hicieron sino seguir el rumbo guerrero de sus más inmediatos antepasados contra un tradicional enemigo de la fe católica. Una de las batallas más decisivas de la Reconquista tuvo como protagonista al entonces señor de Vizcaya, don Diego López de Haro II. Nos referimos a las Navas de Tolosa, donde López de Haro combatió bravamente en la vanguardia castellana. Tal comportamiento le proporcionó a la postre el territorio durangués, concedido graciosamente por Alfonso VIII. Pese a que en 1370 el señorío recayó en el infante castellano juan —que nueve años después sería coronado rey de Castilla—, no se impusieron mutaciones radicales en la política seguida hasta entonces y las tropas vizcaínas continuaron formando parte de las huestes regias en las diferentes operaciones que hacia el sur inicia resueltamente la Corona, como en la campaña por el control del Estrecho. Gentes de este espacio vascongado nutrieron las fuerzas que bajo las órdenes del infante Fernando ejecutaron el sitio de Antequera, exitosa acción donde encontró la muerte Martín Ruiz de Avendaño, capitán de las naves de Castilla y miembro de uno de los más señeros linajes vizcaínos. Este capitán murió gloriosamente atravesado por un «pasador con yerba» y sus restos fueron llevados a la anteiglesia de yurre (Arratia), donde los Avendaño de Vizcaya tenían su solar (3). (3) LABAyRU, Estanislao de: Historia general del señorío de Vizcaya. Bilbao, 1967-1968. 84 REVISTA DE HISTORIA NAVAL Núm. 132


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