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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 134

ALEJANDRO ANCA ALAMILLO con el contencioso lo antes posible y de la manera más amigable, porque en su concepto Rusia tenía pleno derecho a reclamar de nuevo más intereses de demora. En vista del dictamen, el gobierno español dirigió un extenso escrito al embajador ruso en Madrid que reproducía punto por punto lo señalado por González Arnau, haciéndole partícipe de que se esperaba el cese de «las instancias que modernamente se han repetido por el Ministerio de S.M. Imperial en esta Corte» y que el emperador Nicolás, como «fiel y constante amigo del Rey Fernando 7º y a cuya rectitud y magnanimidad remite enteramente la solución de esta de este desgraciado asunto mandará a su ministerio que de por del todo cortado y fenecido este negocio, haciéndolo desaparecer del número de objetos sobre que versan las tantas otras agradables e importantes comunicaciones que existen de Gobierno. y en trueque de tan generoso desprendimiento, el Rey Católico está pronto y dispuesto, en cuanto alcancen sus facultades, a adherir a todo lo que pueda ser grato a S.M. Imperial». Enviado el escrito al zar, y aunque no hemos encontrado (por ahora) su respuesta, todos apunta a que este accedió a condonar la deuda. No obstante, en España el asunto siguió coleando por algún tiempo, pues existen expedientes, fechados en 1836 y 1837, en los que el Tribunal Mayor de Cuentas pregunta al ministro de Estado quién había sido el receptor de las famosas 400.000 libras pagadas por Inglaterra a España a cuenta de la abolición del tráfico de negros (*). (*) En las cinco páginas siguientes el lector encontrará el anexo con una reproducción facsimilar del convenio suscrito en 1817 entre España y Rusia. (N. de la R.) 104 REVISTA DE HISTORIA NAVAL Núm. 134


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