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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 134

LA ARMADA EN LA GUERRA DE ÁFRICA (1859-1860) La declaración de guerra La escalada de incidentes fronterizos, especialmente en Melilla, que llevó a la Escuadra a mostrar el pabellón nacional en puertos marroquíes como medio de presión diplomática, pareció resolverse con el convenio de 25 de agosto de 1859, suscrito a la conclusión del más grave de los combates que, con intensidad creciente, venían produciéndose en los alrededores de la plaza. Pero no hubo tiempo de ejecutar lo convenido, pues casi inmediatamente se registró otro incidente en Ceuta, donde se había iniciado la construcción de tres fuertes en la línea fronteriza. En la tarde del 10 de agosto, los cabileños de Anghera destruyeron las obras, arrancaron los hitos que marcaban dicha línea y destrozaron un escudo de España allí situado. La protesta del Gobierno, formulada en los términos más tajantes, fue presentada por el cónsul general en Tánger (la representación diplomática española aún no tenía el rango de embajada), juan Blanco del Valle, quien exigió el castigo de los culpables —que para ello serían conducidos a territorio español—, la reconstrucción de lo destruido y la rendición de honores por las tropas del sultán para reparar el ultraje a la enseña nacional. Por último, Blanco del Valle también reclamó el compromiso marroquí de aceptar el derecho de España a construir cuantas fortificaciones creyera convenientes en su territorio. Pero, en plenas negociaciones, el mismo 29 de agosto falleció el sultán, Muley Abderramán, a quien sucedió su hijo Sidi Mohammed, lo que entorpeció las conversaciones y provocó en ellas retrasos que obligaron a prorrogar el ultimátum español hasta el 15 de octubre. Paralelamente, el ministro de Estado, Calderón Collantes, enviaba una circular a todos los países europeos en la que explicaba el trasfondo del conflicto y la postura española, señalando que España no pretendía anexionarse territorio alguno, sino solo poner término a los reiterados incidentes. A tal circular respondieron positivamente los imperios francés, ruso y austriaco, así como los reinos de Piamonte y Portugal. Como era de esperar, Gran Bretaña no se mostró tan receptiva, y su embajador en Madrid, Buchanan, reclamó del Gobierno el compromiso explícito de abstenerse de toda anexión, muy especialmente en lo referente a Tánger, a lo que el gobierno de Leopoldo OʼDonnell accedió. Pero la diplomacia marroquí, por unas u otras razones, no satisfizo ninguna de las exigencias españolas y, vencidos todos los plazos y prórrogas, el 22 de octubre España formalizó la declaración de guerra. Las primeras operaciones Declarada que fue la guerra, la fuerza expedicionaria se trasladó a Ceuta, elegida como base de operaciones. Componían sus efectivos más de 45.000 hombres, a los que hay que añadir los sucesivos refuerzos, organizados en varios cuerpos de ejército y una reserva. Entre ellos figuraba el 6.º Batallón de Infantería de Marina, acantonado en Cartagena, que luchó en la campaña codo Año 2016 REVISTA DE HISTORIA NAVAL 35


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