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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 134

AGUSTÍN RAMÓN RODRÍGUEZ GONZÁLEZ Para que esta línea quedase en la posición que me había propuesto (véase el plano adjunto), me adelanté con la Princesa a colocarme convenientemente, lo que conseguí a las once y cuarenta minutos de la mañana, en que quedé acoderado, recibiendo desde las once y veinte, en que estuve a tiro, el fuego del enemigo. Para ocupar mi puesto con la Princesa, tuve que costear muy atracado a la barra, que estaba completamente cerrada, tomando posición en las seis brazas. Tan luego como estuve acoderado, rompí el fuego contra las dos baterías que hay al O de la población, y hasta las doce estuve batiéndolas solo, pues para marcar bien la línea a los otros buques, me adelanté bastante espacio, empleando todo el andar de la Princesa, muy superior al de los remolcadores y remolcados. Durante este tiempo había ido entrando mucha mar de leva, que aumentó en gran manera al acercarme a tierra. Al medio día tomaron su puesto el Isabel II y el Reina, y seguidamente la Blanca, verificándolo poco después la Cortes y Bilbao con sus remolcadores y los buques sueltos que eran el Vulcano, la Ceres, la Buenaventura y la Edetana, rompiendo todos el fuego según iban ocupando sus posiciones. El espacio reducido en que se maniobraba, la mar gruesa de través y lo largo de los remolcadores dificultaban la operación de acoderarse los buques, pero sus comandantes maniobraron a mi entera satisfacción, ocupando sus puestos con pericia bajo el fuego de las baterías enemigas, a distancia de unos cuatro cables de ellas, y lo más inmediato posible todos los buques. Acoderados como nos hallábamos en una línea NE-SO, la mar gruesa del NO era completamente de través, y los balances violentos no permitieron al Reina hacer uso de su primera batería (la baja y de mayor calibre). Las Cortes y Bilbao solo pudieron hacer con sus bajas la cuarta parte de los disparos que con las del alcázar y castillo, notándose en los demás buques la misma dificultad. Sin embargo de todo, el fuego se mantuvo muy vivo y se logró acallar el del enemigo, que solo hacía disparos cuando los repetidos balances hacían cesar algo el de los buques. Estos se batían en tan malas circunstancias como lo hubieran hecho en la mar corriendo un tiempo. El manejo de la artillería con tales condiciones honra sobremanera a los equipajes dotaciones, que se condujeron con la mayor pericia y llenando cumplidamente mis deseos, a pesar de ser en su mayoría gente recién entrada en el servicio. A las doce y media se llamó el viento al SO, que aunque flojo, por el cariz y la opinión de los prácticos, me inspiró desconfianza y me hizo comprender la urgente necesidad de poner a salvo del temporal que podría sobrevenir a los buques remolcados, que hubieran quedado muy comprometidos con el viento de travesía. Continué, sin embargo, el combate hasta la una y veinte en que, acumulando la mar por momentos y siendo por tanto más violentos y repetidos los balances, hice señal de levar y dar la vela por considerar también cumplido el objeto del ataque. La maniobra indicada fue ejecutada por todos con inteligencia, sin dejar de hacer fuego mientras mareaban, demostrando el comandante del navío Reina en esta ocasión la justicia del concepto que disfruta como hombre de mar. Los enemigos jugarían de 30 a 35 cañones, bien servidos según sus punterías. A las dos de la tarde concluyó el combate, y ordenando la misma formación en dos columnas, goberné al NO para franquear de la costa a los buques que carecen de movimiento propio. La mar era tan tendida a las cuatro de la tarde como la había experimentado sobre Larache a las dos, lo cual me demostró que había permanecido acoderado hasta el momento que fue posible. Tuve en este buque un cabo de mar muerto y ocho individuos más entre heridos y contusos. En los otros 44 REVISTA DE HISTORIA NAVAL Núm. 134


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