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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 134

PRESENCIA VASCA EN LA ARMADA ESPAÑOLA (II) Por el contrario, Acapulco ofrecía muchas ventajas según el parecer de Urdaneta: era uno de los buenos puertos naturales de Indias, grande, seguro, muy sano, de buenas aguas y mucha pesca. Abundaba en sus inmediaciones la madera necesaria. Situado en una región más poblada, gozaba de mejores comunicaciones con México, Los Ángeles, Veracruz… y facilitaba la tarea titánica de enlazar ambos mares océanos no utilizando como puntos de apoyo Tegoantepeque y el río Guacalqueco, tan llenos de riesgos. Urdaneta conoce muy de cerca los peligros de la playa de Tegoantepeque, la lentitud de arrias y de carreteras, las diferencias de distancias, la violencia del Norte en la navegación fluvial… Mas su proyecto naval de gran colonizador le impulsa a fomentar la autonomía del puerto de Acapulco. Necesita muchas cosas de la metrópoli: armas ofensivas y defensivas, pólvora, salitre, azufre, coseletes, celadas, morriones, cotas de malla; brea y pez, lonas para las velas, aceite para las lámparas, clavazón y pernos. Sobre todo, mucho hierro. El abundante cobre de Acapulco no es bueno, pues fácilmente revienta la artillería que con él se fabrica: si se llegase a purificarlo, podría proporcionar buenas piezas, más resistentes que las del hierro. Le hace falta también suministro de cartas de marear, astrolabios, hilo de velas y agujas. Pero se las ingenia para crear fuentes de aprovisionamiento en torno al puerto de base. Con unas pipas de cañamones que se le envían, propone reanudar el cultivo de la planta, perdido por no haberla sembrado. Estima que, con la pita americana, se podrán fabricar buenas jarcias y cables, y propone trasplantes masivos y cultivo de la misma en gran escala. No descuida la repoblación ganadera y ante todo la forestal, porque de esta depende la vida de los astilleros. Es un extraordinario hombre de empresa. El principal problema es el de la escasez de hombres diestros en marinería. Urdaneta pide oficiales: lombarderos, buena gente de mar, capaz de mandar navíos y marear. y apunta una idea organizativa importante: que se fuerce a muchos jóvenes “que andan hechos vagamundos”, especialmente a mulatos, mestizos y negros, a aprender los oficios de carpinteros, calafateadores, cordeleros, torneros y herreros. Sería preciso gozar de altas atribuciones, otorgadas por el monarca, y de posibilidades de holgada retribución del trabajo, para poder coaccionar a sujetos de la armada, de Guatemala o de Nueva Galicia a reunirse en Acapulco y trabajar para un vasto proyecto de construcción. No lo conocemos detalladamente. Se contenta con mencionarlo, indicando, tan solo que se ocupará detenidamente de la cantidad y del porte de los barcos que se han de construir». La serie continúa en la edición del día siguiente con «El viaje de retorno del mar océano»: «La parte más memorable del Memorial de Urdaneta es aquella en la que plantea con minuciosidad la travesía de retorno desde las Filipinas hasta Nueva España: vuelta fatídica e imposible que pagaron con sus vidas quienes se aventuraron a intentarla. Los nombres de las naos La Trinidad y La Florida, así como los de la expedición de Grijalba, López de Villalobos y Retes, estaban asociados a otros fracasos; mas, en aquellas calendas heroicas, la fatalidad era un estímulo para los valerosos con arrestos para disiparla. Urdaneta era uno de ellos. Esteban de Salazar, agustino como él, contrapone, como en un aguafuerte, la modestia en hablar de fray Andrés con la seguridad con la que afirmaba que “él haría volver, no una nave, sino una carreta”. Año 2016 REVISTA DE HISTORIA NAVAL 65


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