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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 134

LA INTELIGENCIA EN LA EMPRESA DE INGLATERRA: LECCIONES APRENDIDAS Alejandro Farnesio, cruzarían el Canal para invadir Inglaterra (13). El planteamiento estratégico era irreprochable, pero un análisis minucioso de la táctica con que se implementó habría detectado en él puntos vulnerables (14). Para llevar a cabo la Empresa, se conformó la Armada. Con el término «armada», en el siglo XVI, se designaba una movilización de recursos navales para acometer una empresa, cualquiera que fuera su tamaño. Es decir que una armada estaba constituida por barcos de diversa índole: de guerra, mercantes, galeras, barcazas…, no importa en qué número (15). El elemento clave de la empresa que nos ocupa era el encuentro de la Armada con los Tercios de Flandes. De los varios puntos vulnerables a que hemos aludido, uno de ellos era las dificultades de coordinación entre el mando naval (duque de Medina Sidonia) y el mando terrestre (duque de Parma), que por añadidura estaban sujetos a la superior supervisión del propio Felipe II desde Madrid. Teniendo en cuenta que la correspondencia entre Flandes y Madrid podía tardar semanas en llegar —en el caso de que lo hiciese—, entenderemos los problemas de coordinación que padecía la fuerza movilizada. De hecho, en la correspondencia entre estos tres protagonistas se muestran, repetidamente, signos de descoordinación, fruto del tiempo que transcurría entre el envío de un correo y la recepción de la respuesta. También hubo muestras de descoordinación en los sucesos de Calais, aunque por otros motivos (16). Además, se incurrió en errores de logística, puesto que las demandas de Farnesio de disponer, primeramente, de un puerto que pudiese cobijar los galeones españoles fueron desoídas por Felipe II (17). Por otra parte, como ha quedado dicho, la Armada se componía de un conjunto de barcos variopintos, muchos de los cuales no parecían apropiados para culminar con éxito la hazaña que se les demandaba (18), sobre todo cuando los ingleses disponían de una flota más ágil y pertrechada con cañones de largo alcance (19). Es cierto que, en el desastre de la Armada, aparte de la descoordinación, también cumplió su función la (mala) suerte de que se desatasen las tormentas del Mar del Norte, más decisivas que la intervención de la flota inglesa (20). De todos modos, este trabajo no trata de buscar excusas sino de analizar los errores en la planificación de la Empresa, para aprender de ellos. Aparte de (13) O’DONNELL y DUQUE DE ESTRADA, H.: «La seguridad de los Países Bajos, requisito para la Empresa de Inglaterra de 1588», en Revista de Historia Naval, núm. 2, 1983 pp. 107- 116; CERVERA PERy: art. cit. (14) CERVERA PERy: art. cit. (15) OLESA MUÑIDO, F.F.: «Algunas consideraciones en torno a la Gran Armada», en Revista de Historia Naval, núm. 1, 1983, pp. 31-93. (16) ADAMS, S.: «La batalla que nunca existió: reconsideración sobre la estrategia de la campaña de la Armada», en Revista de Historia Naval, núm. 23, 1988, pp. 73-88. (17) O’DONNELL y DUQUE DE ESTRADA, H.: «El secreto, requisito para la Empresa de Inglaterra de 1588 (II)», en Revista de Historia Naval, núm. 7, 1984, pp. 63-74. (18) ADAMS: art. cit. (19) CERVERA PERy: art. cit. (20) PARKER, G.: «Si la Invencible hubiese desembarcado….», en Historia 16, núm. 140, 1987, pp. 37-48. Año 2016 REVISTA DE HISTORIA NAVAL 81


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