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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 134

LA INTELIGENCIA EN LA EMPRESA DE INGLATERRA: LECCIONES APRENDIDAS Felipe II era plenamente consciente de que, para gobernar un imperio tan vasto como el español, con tantos enemigos al acecho, la importancia del secreto en las decisiones tomadas era primordial. Por ello, solo un reducido grupo de colaboradores tenía acceso a este género de información; es más: en ciertos casos de información particularmente delicada, el rey era el único que la conocía (28). Felipe II fue el impulsor de toda una maquinaria de obtención, custodia y organización de la información como recurso estratégico, de lo que se cuenta con innumerables pruebas documentales en el Archivo de Simancas y la embajada española en Roma (29). La conciencia archivística del monarca fue clave en la institucionalización del espionaje y en su integración en el resto del aparato burocrático del Imperio, basada en el indisociable vínculo entre información, secreto y razón de Estado (30), requisito insoslayable para gobernar dominios tan vastos (31). De todas formas, la ingente cantidad de información manejada generó frecuentes atascos en la maquinaria burocrática que debía procesarla y analizarla, por falta de tiempo para hacerlo convenientemente (32), algo que en la actualidad no ha perdido un ápice de vigencia. Esta falta de tiempo para abarcar todas las informaciones que llegaban a conocimiento del rey queda evidenciada en su flexible sistema de prioridades. El monarca permitía que le fuesen presentados los asuntos más urgentes y dejaba de lado el resto hasta haber concluido los mismos. Al igual que los gobernantes de hoy en día, Felipe II dedicaba la mayor parte de su tiempo a intentar «apagar incendios». A esto se juntó la obsesión del monarca por participar en todas las decisiones importantes, lo cual retrasaba aún más la toma de estas. En este sentido, en los preparativos de la Armada, Felipe II solicitó a sus enviados en el extranjero que le mantuviesen constantemente informado, lo cual originó un denso flujo de información. De este modo, el rey se consideraba el único con una visión completa de la preparación y la marcha de la Empresa y entendía que no se podía modificar ni un ápice el plan sin su consentimiento. Este hecho, unido al problema de la descoordinación anteriormente citado y a la morosidad de las comunicaciones, fue uno de los errores de mayor incidencia en el desenlace fatal de 1588 (33). El problema del tiempo que las redes de comunicación necesitaban (34) será tratado más adelante. No debemos acabar este apartado sin mencionar uno de los problemas que conlleva la Inteligencia Humana y que, evidentemente, afectó a los embajado- (28) CARNICER GARCÍA y MARCOS RIVAS: op. cit. (29) NAVARRO BONILLA, D.: Derrotado, pero no sorprendido. Reflexiones sobre la información secreta en tiempo de guerra. Plaza y Valdés, Madrid, 2007. (30) ÍDEM: Los archivos del espionaje: información, razón de Estado y servicios de inteligencia en la Monarquía Hispánica, Caja Duero-CNI, Madrid, 2004; CARNICER GARCÍA y MARCOS RIVAS: op. cit. (31) NAVARRO BONILLA, D.: «Historia de la Inteligencia», en GONZÁLEZ CUSSAC, j.L. (coord.): Inteligencia. Tirant lo Blanch, Valencia, 2012, pp. 215-280. (32) ÍDEM: Derrotado, pero no sorprendido. (33) PARKER: «Felipe II: condenado al fracaso». (34) NAVARRO BONILLA: Derrotado, pero no sorprendido. Año 2016 REVISTA DE HISTORIA NAVAL 83


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