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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 134

JORGE VILAS RODRÍGUEZ veneciano, Felipe II contaba con espías hasta entre los bufones de la corte. Los mercaderes suministraron información a ambos bandos durante los preparativos de la empresa de Inglaterra (45). Los servicios de espionaje españoles tenían una trama organizativa muy compleja, compuesta por distintas redes de espionaje autónomas sin vínculo orgánico entre sí (46). Aun así, el sistema se regía atendiendo a una jerarquía bien establecida que aseguraba su correcto funcionamiento, siendo la cabeza el rey, seguido del Consejo de Estado, los secretarios y los embajadores. El propio monarca se encargaba de dar el visto bueno a las labores de espionaje, autorizaba y controlaba los gastos secretos, dictaba las normas sobre el uso y cambio de la cifra… Pero en una organización tan amplia y dispersa por toda Europa —en la época, España contaba con ocho embajadas, mientras que Inglaterra únicamente disponía de la de París—, los verdaderos jefes de las diferentes redes de espionaje no eran el rey, ni los secretarios de Estado, ni los mismos embajadores, sino los secretarios de estos últimos, que tenían comunicación directa con los espías y eran los únicos que podían mantener la continuidad de la red, toda vez que los embajadores cambiaban de destino cada pocos años (47). Por su parte, el esquema de los servicios de información ingleses era muy distinto del empleado por los españoles. En contraste con el sistema español, que era piramidal, en el que toda la información confluía en el rey y el plan de información venía establecido por el propio monarca o su consejo, el esquema inglés se basaba en un sistema de redes paralelas. De esta forma, se observa que, si bien el sistema inglés resultaba muy eficaz en la fase de obtención y de contraste, por el contrario adolecía de falta de coordinación y de visión integradora. Por su parte, el complejo sistema español corría el riesgo de que un fallo en la obtención o en la transmisión de la información comprometiera la eficacia de toda la red (48). Este es, sin duda, otro tema que puede sonar como actual: ¿cuál es el mejor modelo de un servicio de inteligencia: centralizado o polarizado? El mismo patrón seguía la Flota británica, en la cual el número de barcos piratas y dedicados al corso, es decir, unos grupos navales paralelos, formaban una parte importante (49). La red más importante de los ingleses era, sin ninguna duda, la que dirigía el secretario de Estado de la reina, Francis Walsingham, el cual, en los primeros años de su carrera política, se dedicó al contraespionaje, para luego, ya de embajador en París, crear allí una red de espionaje. A su regreso a Londres dedicó sus esfuerzos a la creación de un servicio secreto eficaz. y a fe que lo consiguió, pues su red fue clave a la hora de desbaratar conspiraciones contra la reina y de mantenerse informado de los preparativos de la Armada (50). (45) CARNICER GARCÍA y MARCOS RIVAS: op. cit. (46) MORÁN TORRES: art. cit. (47) Bernardino de Mendoza, que se mantuvo en Londres muchos años y después continuó su labor desde París, fue al respecto una excepción. CARNICER GARCÍA y MARCOS RIVAS: op. cit. (48) OLESA MUÑIDO: art. cit. (49) Ibídem. (50) NAVARRO BONILLA: ¡Espías! 86 REVISTA DE HISTORIA NAVAL Núm. 134


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