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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA BERNARDO GALVEZ

124 JOSÉ MANUEL GUERRERO ACOSTA utilizar por los rebeldes, salvo que se tiñeran o se usasen solamente parte de ellos (camisas, calzones, zapatos, sombreros, correajes, etc.) En abril de 1781 se recibió en Filadelfia una importante noticia: John Jay informaba al congreso que desde Cádiz partían de forma inminente armas y uniformes para equipar a diez regimientos (unos 10.000 hombres). Ya en abril el buque que llegaba al puerto de Alexandria en Virginia con la noticia, transportaba algunos de dichos efectos14. Según la correspondencia de Washington y los diarios de Robert Morris, el Estado de Virginia quedó encargado del transporte de los uniformes llegados “desde Francia” en septiembre, pero la falta de fondos paralizó el asunto, y solo pudieron enviarse los uniformes de los oficiales al ejército de Washington. El resto, transportado en treinta y cinco carretas, fue distribuido a las tropas en el valle del Hudson en el mes de noviembre15. Los meses finales de la guerra Morris consiguió mantener las necesidades de vestuario de las tropas casi cubiertas, a pesar de la escasez de caudales, acudiendo incluso a vender los géneros recibidos de Europa que no servían por ser tallas pequeñas, por su mala calidad o bien por ser excedentarios. Gran parte del dinero y de los suministros remitidos por Francia y España jamás llegaron a las tropas que los necesitaban en el campo de batalla. La multitud de intermediarios y largas jornadas de transporte por mar, río y tierra se unieron a la corrupción administrativa. Para la mentalidad imperante en el siglo XVIII un comerciante encargado del aprovisionamiento del ejército podía legítimamente mezclar sus propios negocios con su actividad oficial16. La cuestión suponía un riesgo, ya que los negocios e inversiones podían salir mal. Pero muchos se enriquecieron con estas prácticas, mezclando las finanzas de la guerra con los contratos del ejército y las propias actividades mercantiles. Particularmente responsables fueron los miembros del llamado Secret Committee (comité secreto) del Congreso, encargado de los suministros recibidos del extranjero. Su secretario era Robert Morris, que contaba como agentes con William Binghman en la Martinica francesa, Oliver Pollock en la Nueva Orleans española y Silas Deane en París. Si Morris amasó una respetable fortuna durante la guerra, otros como Pollock se arruinaron invirtiendo y adelantando de su bolsillo cantidades de dinero que no les fueron devueltas por el Congreso. El propio Pollock estuvo un tiempo 14  Archivo General de Indias, Santo Domingo, 2597, carta de Francisco Rendón a José de Gálvez, Filadelfia, 27 de abril de 1781. 15  RISCH, ERNA: Op. citada, pág. 308. 16  La empresa Gardoqui, por ejemplo, siguiendo la práctica habitual, cobraba un 3% de los envíos más comisiones a la Corona y a los norteamericanos.. Ver estudios recientes sobre el personaje, de Reyes Calderón, Begoña Cava Mesa ó Alfonso Saiz Valdivieso. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2016, pp. 124-140. ISSN: 0482-5748


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