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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA BERNARDO GALVEZ

86 GUILLERMO CALLEJA LEAL hacer una declaración conjunta de guerra contra Inglaterra; y si España aún guarda silencio es porque no poner en peligro su flota de México y la que regresa victoriosa desde Buenos Aires tras conquistar la Colonia de Sacramento. Pero pasan los días y el Gobierno de París solicita al de Madrid una fecha para hacer la declaración conjunta de guerra, pero no recibe respuesta alguna. El día 17 Vergennes vuelve a reunirse con los delegados norteamericanos y les informa que Luis XVI ha decidido reconocer la independencia de las Colonias y firmar un Tratado de Amistad y Comercio, pero con la condición de que el Congreso no podrá firmar un tratado de paz con Inglaterra renunciando a su independencia. Esta segunda reunión se mantiene después en secreto, no quedando autorizado Vergennes a informar sobre ella al Conde de Aranda, aunque fuera el embajador español en París; tampoco a Floridablanca, como M inistro de Estado de España; y al Conde de Montmorin, ¡el propio embajador francés en Madrid! Tal actitud francesa supone una deslealtad y una traición imperdonables, tanto en lo militar como en lo político hacia España, puesto que si los norteamericanos lo divulgaran para fortalecer sus intereses independentistas, pondrían a las flotas de México y Buenos Aires en peligro de ser atacadas por los británicos. En enero de 1778, el Conde de Aranda comunica a Floridablanca que un amigo de Franklin llamado Hutton salió de Londres y se reunió en París con los delegados del Congreso Continental para convencerles sobre la necesidad de un tratado de paz entre Inglaterra y las Trece Colonias por razones “humanitarias”, sin que se mencione la independencia y sus ventajas añadidas: el inmenso botín de guerra que se obtendría del ataque al Imperio español, sobre todo del Virreinato de Nueva España, y la libre navegación a través del Misisipi. Pero este plan británico resulta tardío, ya que el gobierno francés aprovecha la presencia de Hutton en París para presionar al gobierno español y lograr que le siguiera en sus conversaciones con los delegados del Congreso y, en cierto modo, disculparse por haber obrado por su cuenta llegando a un acuerdo con los revolucionarios debido a la urgencia impuesta por los acontecimientos. Como es de esperar, Carlos III y su gobierno no se fian de los franceses y no les faltan motivos, máxime cuando Francia no explica los términos del acuerdo al que ha llegado. Además, saben que pretende empujar a España hacia una alianza tripartita y que su ayuda a las Trece Colonias está condicionada a que compren productos franceses. Por tanto, adoptan las siguientes medidas: no seguir a Francia en su súbito intento de formar un tratado con las Colonias; advertir a la frota que regresa de Buenos Aires con caudales de Perú de un posible ataque inglés; retener en La Habana a Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2016, pp. 86-96. ISSN: 0482-5748


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