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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA BERNARDO GALVEZ

92 GUILLERMO CALLEJA LEAL tes entre sí, hay políticos muy influyentes que consideran que un acuerdo anglo-continental sería lo más idóneo. 66 Por otra parte, ni Carlos III ni tampoco su Gobierno confían en que los franceses y los norteamericanos revolucionarios cumplirán sus compromisos en las futuras negociaciones de paz. Por una parte, Francia y España habían acordado en la Convención Secreta de Aranjuez que no firmarían la paz con Gran Bretaña hasta que ésta no devolviera el Peñón de la Discordia a los españoles. Y por otra parte, Francia y las Colonias han pactado no firmar la paz por separado. De ahí que los revolucionarios no podrían dar por terminada la guerra hasta que Gran Bretaña no devuelva el Peñón de Gibraltar a España. El tiempo dará la razón al Rey de España y a su Gobierno, pues en 1783, en plenas negociaciones de paz en París, tanto Francia como las Trece Colonias temerán que tanto una como la otra pudieran firmar una paz separada con Gran Bretaña; por tanto, incumplirán sus promesas dadas en el Tratado de Alianza y en la Convención Secreta de Aranjuez, considerando que el problema de Gibraltar era sólo de España. Con tantas lógicas dudas y vacilaciones, Carlos III y su gobierno se deciden por la guerra con ciertas reservas. En primer lugar, España se niega en rotundo a reconocer el derecho de beligerancia a las Trece Colonias, a pesar de las gestiones que John Jay y sus antecesores habían realizado ante el gobierno español como delegados del Congreso Continental en Madrid. Y en segundo lugar, también rechazan con firmeza el que los revolucionarios exijan que el Misisipi sea el límite occidental de sus territorios y plena libertad para la navegación comercial a lo largo de este río y sus afluentes hasta la desembocadura en el Golfo de México. Poco antes de la ruptura de hostilidades, España ofrece a Gran Bretaña su mediación para la paz en el conflicto, pero sabiendo que sus condiciones serían inaceptables. Lo hace sólo para justificar su ya muy próxima declaración de guerra, mientras el almirante Miguel Gastón comanda las dos escuadras que se habían preparado en Cádiz y en El Ferrol, y ahora navegan en aguas atlánticas hacia La Habana. Después, en el mismo mes de abril, el marqués de Almodóvar, embajador español en Londres, sigue una instrucción enviada por el Gobierno de Madrid y que consiste en presentar un últimatum al Gobierno de Londres y que es rechazado de inmediato por sus tres condiciones: la reunión urgente de los plenipotenciarios británicos y 66  MORALES PADRÓN, Francisco: Participación de España en la independencia política de los Estados Unidos. Bargos, Artes Gráficas S.L., 1952, p. 31. Revista de Historia Militar, I extraordinario de 2016, pp. 92-96. ISSN: 0482-5748


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