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16 JOAQUÍN GIL HONDUVILLA también se integraron los hechos ocurridos en las localidades de la campiña sevillana y en la provincia de Cádiz, especialmente en Jerez de la Frontera. Por mucho que haya autores, y algunos historiadores, que critiquen este tipo de fuentes documentales, por considerar que las declaraciones obrantes en procedimientos judiciales están mediatizadas por las propias circunstancias en las que fueron tomadas, no es menos cierto que esa propia mediatización no ha impedido ni sigue impidiendo a los tribunales dictar sentencias y fijar una “verdad judicial” que determine, bien una condena, bien una absolución. Fueron numerosas las declaraciones tomadas, no sólo a los procesados en razón de aquellos sucesos, también declararon resistentes a la sublevación y meros testigos de los acontecimientos. Es el conjunto testimonial, imposible de conseguir hoy de otro modo, y la aportación de fuentes documentales, también incorporadas a estos procedimientos, lo que hace de los documentos judiciales una fuente de extraordinario valor a la hora de reconstruir momentos históricos de tanto interés como los años vividos durante la Segunda República, durante la Guerra Civil o la vida en la postguerra española. En este caso, como un juez al estudiar la causa antes de iniciarse el juicio oral, el autor intentará interpretar la documentación analizada para determinar “culpabilidades e inocencias” en los sucesos ocurridos aquel día en Jerez de la Frontera. Por esta razón, sin querer tomar partido, se ha procedido al análisis del conjunto de fuentes que reconstruyeron lo sucedido para fijar la autoría de la conspiración y de la ejecución de aquellos hechos. Pero adentrémonos en lo acontecido en Jerez y para ello acerquémonos a los días anteriores a aquel 10 de agosto de 1932. Jerez antes del golpe Jerez contaba en el primer tercio del siglo XX con una importante burguesía bodeguera y agraria, esencialmente conservadora, en el que el sentimiento religioso jugaba, en gran parte, como elemento aglutinador, que se convirtió, al llegar la Segunda República y derivar hacia el anticlericalismo, en un factor de reacción contra lo que se entendía como política anticlerical del nuevo gobierno. Evidentemente, ni toda esta clase burguesa estaba en contra de la República, ni tampoco sus componentes se encontraban unidos por afines valores políticos e ideológicos. El fraccionamiento entre monárquicos y republicanos, entre alfonsinos y tradicionalistas, entre reaccionarios y positivistas se extendía en la sociedad jerezana de aquella época al igual que sucedía en las sociedades gaditana, andaluza y española. Revista de Historia Militar, 121 (2017), pp. 16-50. ISSN: 0482-5748


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