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208 MANUEL MONTERO GARCÍA al de unas semanas de estar en Cuba, sus reticencias habían desaparecido. Por contra, sus cartas expresan satisfacción, no sólo porque se sentía bien tratado y alimentado, sino por los elogios que su unidad había recibido del general Blanco, que les pasó revista. En poco tiempo el quinto había pasado del rechazo a la guerra a cierto entusiasmo, en este caso inequívocamente moral militar. No hay ninguna razón para pensar que había cambiado episódicamente su discurso, para fingir una aceptación que no sentía, por alguna especie de temor o para salvar la censura. Su inicial rechazo a la guerra está descrito vívidamente, pero también el orgullo por la marcialidad y por su batallón. Sin embargo, los entusiasmos no fueron habituales. En las cartas predomina la impresión de la aceptación resignada de su deber militar, incluyendo el combate en la guerra y la disciplina, fatigas y privaciones. Hay excepciones a esta norma: algunos soldados, no muchos, muestran un alto grado de apasionamiento. ¿Por qué combatían? ¿Por patriotismo? ¿Por España? Las cartas de los soldados no permiten sentar conclusiones seguras sobre sus sentimientos al respecto. En todo caso, aceptaban su deber y procuraban cumplirlo. En sus textos pocas veces sientan posiciones ideológicas. Escasean las afirmaciones patrióticas, pero algunas hay. Sin embargo, la naturalidad con la que se expresan sugiere que eran nociones compartidas por los soldados y que tendrían sentido en las familias que recibían las cartas -obviamente, autor y receptor compartían los valores que transmitían las misivas. “Tanto yo como mi hermano estamos dispuestos a defender a España hasta la muerte, porque somos hijos de ella y hay que defenderla” escribía Patricio Mantrana al poco de estallar la guerra. Patricio era voluntario, estaba en Cuba antes de la insurrección: la expresión se correspondía con la de un soldado profesionalizado. No hay ninguna otra tan contundente. Con todo, debe notarse que una declaración de tal envergadura se incluía dentro de una misiva cuyos términos, por lo demás, son similares a los de los demás soldados baracaldeses. Otros relatos sugieren que el espíritu patriótico estaba asumido por lo soldados, en mayor o menor grado. Era alto en el caso de Clemente Campo: “¡Ánimo y viva España!”, le escribía a su hermano Antolín, que por lo demás buscaba el medio de no ir a la guerra, en lo que colaboraba Clemente. “Nos dieron un banquete que se echaron muchos vivas a España y al Ejército” contaba Benjamín Gandarias desde San Luis, para explicar la recepción que les habían hecho, que narraba con detalle y satisfacción. Domingo Urrepágs., 457-469. Revista de Historia Militar, 121 (2017), pp. 208-234. ISSN: 0482-5748


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