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20 JOAQUÍN GIL HONDUVILLA Tampoco la llegada de la República significó la desaparición de las fuertes tensiones políticas heredadas del antiguo régimen alfonsino. Éstas degenerarían en alteraciones del orden público y en la intervención del Ejército para restablecer la paz. Las primeras algaradas estallaron en la ciudad bodeguera con la quema de conventos del 13 de mayo de 1931. Hay que destacar que aquella muestra de anticlericalismo exacerbado no fue un hecho aislado que caracterizara a la ciudad, sino consecuencia de una oleada de ataques a edificios religiosos que recorrió toda España. Como de sobra es sabido, los primeros acontecimientos de aquel mayo tuvieron lugar en Madrid el domingo día 10. Ese día, tras incidentes callejeros entre partidarios de la Monarquía y de la República, grupos de jóvenes se reunieron en el Ateneo madrileño con la intención de proceder a la quema de edificios religiosos como protesta ante la falta de iniciativa del gobierno republicano en lo que ellos entendían provocaciones de la Iglesia contra el nuevo régimen. El gobierno conocía las intenciones de los reunidos, pero su pasividad permitió que aquella reacción localizada exclusivamente en Madrid, acabara convirtiéndose en una oleada de rencor y odio que se extendió por toda España. A Jerez llegó esta corriente con cierto retraso, el 13 de mayo, un día después de que hubiera sido declarado el estado de guerra por soldados del Batallón de las Navas, llegados a la ciudad procedente de Cádiz. En aquella convulsión social fueron asaltados los conventos de San Francisco, de los Padres Carmelitas, de las Reparadoras y de las Mínimas, por mucho que las fuerzas del Ejército intentaron evitar los actos de violencia. Pero lo que se entendió como un sentimiento anticlerical de base republicana no concluyó, o así lo pensó buena parte del Jerez más conservador, con los destrozos al patrimonio artístico de la ciudad del 13 de mayo. Como señala Diego Caro Cancela: “No parecieron haber sacado los dirigentes republicanos locales muchas conclusiones del daño que le había hecho al prestigio del naciente régimen la quema de conventos de mediados de mayo de 1931, a tenor de las actuaciones que desde el Ayuntamiento rápidamente se siguieron en el desarrollo de la legislación que el Gobierno fue aprobando sobre las relaciones Iglesia- Estado. Confundiendo laicismo con el más agresivo anticlericalismo, los munícipes jerezanos dictaron una serie de normas y aprobaron algunos acuerdos entre la indignación de todos los sectores católicos de la ciudad, que van a encontrar en las organizaciones derechistas locales las únicas defensoras de sus creencias, en un ambiente en el que cada día que pasaba, fue haciéndose más fuerte la identificación entre el ser Revista de Historia Militar, 121 (2017), pp. 20-50. ISSN: 0482-5748


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