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LA MORAL MILITAR DE LOS SOLDADOS ESPAÑOLES… 209 cha y sus compañeros paseaban por La Habana y “hasta los chiquillos gritan viva España”. El grito patriótico les resultaba estimulante. Y, en general, el “Viva España” formaba parte de los relatos satisfechos de las recepciones en Cuba y en Manila. “¡Viva España! ¡Fuego y fuego, hijos míos y siempre diremos Viva España!”. Así les gritó el teniente coronel cuando fue copada la columna Tarragona, según escribía a sus padres José García Menéndez: en los relatos de combates suelen figurar estas anotaciones patrióticas. Lo importante no es ya que el mando les arengase en tales términos, sino que el soldado le daba importancia e incluía en su relato como explicación del triunfo. “Patria”, “soldado español siempre valiente”, además de los ánimos del mando: estos elementos forman el núcleo argumental de la narración de una acción que tuvo lugar cerca de Holguín en 1895, tal y como lo cuenta el soldado Cirilo Aldasoro. El espíritu de sacrificio de los soldados y su entrega patriótica constituyó un lugar común en la prensa y literatura de la época. Abundaron las expresiones de este tenor: “esos pobres soldados, hijos tuyos de España, que entre la miseria y el hambre, sin que sus labios murmuren una queja ni un reproche, saben morir en defensa de tu honra y de tu bandera”11 Si la opinión de algunas cartas resulta representativa, predominaba una idea de resonancias patrióticas: el convencimiento de la superioridad militar del soldado español. Alguno lo expresaba de forma drástica: “aquí para morir un español, mueren cien de los otros” escribía Campo. “No hagan caso a todo lo que cuentan por ahí porque aquí todos los que mueren son todos insurrectos, que no digan que son españoles, porque es mentira”. “Uno de nosotros vale por mil de estos traidores y canallas mambises” sentenciaba en diciembre de 1897 Careaga, que estaba en Filipinas. “Donde está el soldado español con su fusil Máuser” no vale nada el enemigo, con todo su armamento. “El soldado español siempre es valiente”: en el relato era la razón última de que vencieran en una acción militar. Entre las actitudes más características de los soldados estaba la identificación con sus mandos. Cuando los mencionan siempre reflejan respeto y admiración, sin ninguna nota discordante, a no ser las críticas a Martínez Campos cuando fue cesado, a las que luego nos referiremos y que seguramente tienen otra lectura. Por lo demás, y con referencia a cualquier graduación, transmiten la confianza en sus superiores. La vertiente más llamativa se produce cuando narran alguna acción militar. Atribuyen la responsabilidad de los triunfos al mando, por el valor que 11  GUERRERO, Rafael de: Crónica de la guerra de Cuba (1895-1896), Tomo segundo, II Parte, pág. 620. El periodista establece la identificación de la “noble España”, de grandes “merecimientos” y “glorias”, respecto al valor de los soldados, “sus hijos”. Revista de Historia Militar, 121 (2017), pp. 209-234. ISSN: 0482-5748


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