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LA MORAL MILITAR DE LOS SOLDADOS ESPAÑOLES… 227 el estado de ánimo se invirtió, por el estancamiento bélico y las enfermedades. Los soldados empezaron a desconfiar de los mandos, lo que no había sucedido en los difíciles primeros meses. Tenemos pocas cartas de los últimos meses de la guerra, pero todo indica que la moral de los soldados no se recuperó. No llegaron a notar el cambio de política militar que siguió al relevo de Weyler por Blanco, que preconizaba una política humanitaria. De las cartas, que narran ejecuciones sumarias, se deduce que muchos oficiales siguieron practicando la mano dura. Como en los primeros meses de la guerra, las cartas recogieron operaciones, enfrentamientos, algunas derrotas… La relativa tranquilidad de 1896 y la primera mitad del 97 había desaparecido. A esta fase corresponde el único incidente que en las cartas refleja resistencia a la guerra, lo hemos mencionado ya. Se produjo en Santander, a fines de octubre de 1897. Varias decenas de quintos se amotinaron en el cuartel, negándose a ir a Cuba26. El asunto no fue a mayores: los soldados fueron aislados y conducidos una madrugada al trasatlántico, sin ser sancionados. Lo sucedido no dejó secuelas en las opiniones de los soldados, ni siquiera entre quienes participaron en el plante –sus cartas presentan luego la misma aceptación de la guerra que los demás- pero constituía una novedad. El pesimismo que había en las colonias sobre la situación bélica se transmitía a la península, en la forma de recelos respecto a la guerra o de oposición popular, al menos en las ciudades. Uno de estos soldados llegó a expresiones militaristas, con entusiasmos patrióticos, pero al llegar describe una razón del descontento. El regimiento llevaba siete meses sin percibir la soldada “y ni esperanzas de cobrar, padre”. Él mismo pasaba por apuros, pues para comprar tabaco tenía que vender pan. En febrero del 98 seguían sin cobrar, aunque se decía que les pagarían dos meses. Por entonces vendía pan para mandar la carta. Pero el fin de la guerra estaba próximo, volvían a opinar algunos: el general Blanco había dado libertad a los prisioneros de Weyler y esto anunciaba que pronto se acabaría todo, lo mismo que entendieron cuando los apresaron. Pero se imponía la idea categórica de que “todo esto está muy mal arreglado”. “Hay aquí hombre que lleva aquí siete años de servicio y dice que esto es una vergüenza”. La moral estaba por los suelos. “Aquí estamos mal”. Fidel Yburo, partícipe en “la revolución” de Santander, contó una durísima batalla. La acción fue victoriosa, pero desde hacía dos años los sol- 26  Según la prensa, que recogió el incidente, participaron en el plante de los soldados 257 reclutas, “de las provincias vascongadas y Navarra”. Las autoridades militares de Santander, El Nervión, 25 de octubre de 1897. También La lucha de clases, 30 de octubre de 1897; y Tumulto en un cuartel, El Nervión, 23 de octubre de 1897. Revista de Historia Militar, 121 (2017), pp. 227-234. ISSN: 0482-5748


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