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232 MANUEL MONTERO GARCÍA vinculada a los socialistas. El motín santanderino al que ya hemos aludido, y en el que sin duda participaron dos de nuestros soldados, aparece como un incidente totalmente aislado, que no dejó mayores rastros entre quienes en él participaron. Ambos combatieron en difíciles condiciones, pero sus cartas no incluyen referencias negativas al ejército. En un caso, del que nos consta plenamente la participación en la revuelta del cuartel, se produjo una inusual identificación con los valores militares, incluso cuando sabemos que pasaba por serios apuros, derivados de retraso en el cobro de la paga. Hay que pensar, por tanto, que la resistencia política contra el servicio militar, que la hubo, no llegó a afectar profundamente a posiciones que aceptaban la guerra, que como vemos incluía a sectores populares. Nuestra muestra la componían fundamentalmente jornaleros y campesinos de una población que vivían su primer desarrollo industrial. Los cansancios de la guerra provocaron quejas, pero no tanto los esfuerzos vinculados a las operaciones bélicas como las deficiencias organizativas del ejército en lo que afectaban a su vida cotidiana: deficiente alimentación, carestía de la vida, falta de renovación de la indumentaria. Los esfuerzos vinculados propiamente a las operaciones, por contra, quedan aceptados como parte del servicio, de una actividad que había que hacer y que tenían sus inconvenientes. Apenas encontramos en las misivas comentarios que impliquen una visión global sobre la guerra. En todo caso, los soldados parecen incorporar los elementos no muy complejos sobre los que se construyó el discurso público referido a las guerras coloniales. El valor del soldado español y la cobardía enemigas eran en último término los elementos decisivos que asegurarían el triunfo sobre la insurrección. No era una visión muy sofisticada, pero en lo fundamental coincidía con la que difundía la prensa. Formó parte de los planteamientos militares de los soldados que estudiamos la disciplina y la aceptación del mando, nunca cuestionado y objeto de cierta idealización, en la medida en que confían en los superiores para la resolución de los problemas familiares y cotidianos; y cuando transfieren al superior la valentía personal y se confía ciegamente en su dirección para el buen desenvolvimiento de la guerra. Desde este punto de vista se produjo una identificación con los mandos inmediatos, así como cierta veneración con respecto a los de alta graduación, no digamos las contadas ocasiones en las que en los relatos se refieren a un general. Confianza en la victoria: este elemento fundamental en la moral militar no faltó en ningún momento. Una y otra vez los soldados expresaban su seguridad de que la guerra terminaría en victoria española, sin que tal triunfo se pusiese nunca en duda, ni siquiera cuando las enfermedades amenazaron Revista de Historia Militar, 121 (2017), pp. 232-234. ISSN: 0482-5748


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