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LA OFICINA DE LA GUERRA EUROPEA: LOS ALEMANES DEL CAMERÚN… 239 Ante este panorama fue la actitud neutral de Alfonso XIII la que prevaleció incluso en los momentos más delicados. Es también esa actitud la que está detrás de una de las empresas más importantes y poco conocidas que se llevó a cabo desde el Palacio Real en relación a la guerra y que se desarrolló durante la contienda. En agosto de 1915 llegó al Palacio de Oriente la carta de una lavandera francesa que pedía ayuda al Rey de España por su neutralidad, para buscar a su marido desaparecido en la batalla de Charleroi. El mismo Alfonso XIII se interesó por el asunto y el resultado de las pesquisas fue positivo, el desaparecido fue encontrado en un campo alemán de prisioneros. Este hecho tuvo gran repercusión, el 18 de junio de 1915 aparecía la noticia en el periódico bordelés “La Petite Gironde”. El éxito de Alfonso XIII se extendió por toda la prensa europea y de esta manera empezó a llegar correspondencia al Palacio Real para pedir al Rey mediación en la búsqueda de heridos y prisioneros, así como en casos de repatriaciones. Ante esta situación Alfonso XIII creó, bajo la dirección de su secretario particular Emilio María de Torres, la Oficina de la Guerra Europea para que se ayudara a las víctimas del conflicto. En ella llegaron a trabajar unas cuarenta personas entre las que había un equipo de traductores de la Oficina de Interpretación de Lenguas del Ministerio de Estado. El Rey quiso en todo momento que el desarrollo de la actividad de la Oficina no afectara a la neutralidad española y no pusiera en aprietos la labor del gobierno, de ahí que la sostuviera con su propio patrimonio. A su vez, la red de diplomáticos en Berlín, París, Bruselas, Londres, Berna o Viena conformaron los ejes fundamentales para el desarrollo de las labores humanitarias de la Oficina. Desde las embajadas, por su parte, se gestionaban las peticiones de mejora de trato y condiciones de los prisioneros por medio de visitas de legaciones e informes. La Oficina gestionaba también el envío de libros y revistas españolas a prisioneros que los habían solicitado, sobre todo franceses, belgas, ingleses y rusos. Alfonso XIII había manifestado que pagaría de su bolsillo el envío de los libros, lo que movilizó a la Sociedad de Libreros Españoles con donativos y ofrecimiento de libros a bajo precio, a éstos se sumaron también los de las ediciones que donó la Comisaría Regia de Turismo. De este modo se consiguieron los libros que la Oficina del Rey gestionó para el envío a los campos de prisioneros y a los buques hospitales. También se puso en marcha la gestión de las clases de español que se impartían en algunos de los campamentos de prisioneros. Así eran las actividades que se organizaban desde el Palacio Real de Madrid al que llegaron unas 20.000 cartas al mes en el periodo de más Revista de Historia Militar, 121 (2017), pp. 239-261. ISSN: 0482-5748


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