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60 ALBERTO GUERRERO MARTÍN Estimaba también Romanones que los estudios en las Academias de Infantería y Caballería deberían durar dos años, mientras que cuatro en las de Artillería e Ingenieros y seis para los ingenieros especializados. En lo referente al plan de estudios, se oponía a que estos fueran exclusivamente teóricos, por lo pesado que acaba resultando para el estudiante, “que con gran frecuencia hacen aborrecer el estudio para mientras vivan, incluso a aquellos que han demostrado mayor aplicación”34. Se mostraba también contrario al excesivo papel que ocupaban las matemáticas en los planes de estudio, no porque no fueran necesarias, sino porque estimaba que había de enseñarse poco de matemáticas puras y mucho de matemáticas de aplicación. Además, quería que los textos dedicados a la enseñanza estuvieran enfocados a “la inteligencia más que a la memoria y que desenvuelvan el ámbito de reflexionar”35. En cuanto al profesorado de las academias militares, indicaba que los reglamentos apenas hablaban de las técnicas de enseñanza y nada de la vocación docente de los profesores, pues sin vocación no se puede enseñar. Además, opinaba que “equiparar la función de desempeñar una clase con el mando de una compañía o una batería es una equivocación notoria”. Por ello deseaba unos métodos distintos para elegir a los profesores, además de evitar que los que quisieran formar parte del profesorado lo hicieran por las ventajas que este puesto pudiese proporcionarles, sino que les moviese la vocación por la docencia. También se quejaba de que la gratificación que recibían los enseñantes, dos mil pesetas, era escasa y debía ser aumentada36. Por su parte, Gil Yuste declaraba en la citada memoria de los cursos 1918-1919 y 1919-1920 de la AI que afortunadamente los antiguos métodos de enseñanza se habían transformado y el profesor ya no se dedicaba a recitar las lecciones a los alumnos, convirtiéndose en un “experto guía, que conduce la inteligencia del alumno al conocimiento de las cosas con el menos esfuerzo posible”. Manifestaba también —al señalar las ventajas e inconvenientes de las clases con pocos alumnos— que el 15 de julio de 1919, merced a la iniciativa de algunos profesores, se propuso la eliminación del sistema de exámenes, por considerar que el alumno solo estudiaba para examinarse. Eliminando el examen se pensaba que el alumno seguiría las diarias explicaciones del profesor con mayor interés. 34  Ibídem, pp. 171-174. 35  Ibídem, pp. 175 y 176. 36  Ibídem, pp. 176-178. Revista de Historia Militar, 121 (2017), pp. 60-90. ISSN: 0482-5748


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