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LA ENSEÑANZA PARA LA FORMACIÓN DE OFICIALES DURANTE… 73 Como consecuencia del decreto de febrero de 1927 que reorganizaba la AGM no se celebraron pruebas de ingreso en las academias militares al año siguiente, lo que explica que en 1928 se presentasen 758 aspirantes para las 250 plazas de ingreso convocadas en la AGM, de los que solo aprobaron 21576. Según recogía la base segunda, los fines de este nuevo centro eran “educar, instruir y preparar moralmente a los futuros oficiales, a fin de darles el espíritu, compañerismo, temple de alma, dignidad y austeridad que exige la profesión de las armas en todas sus especialidades”, enseñando a la vez “los conocimientos generales para la profesión militar” y “el conocimiento del material y su manejo y empleo en las distintas armas”77. El referido espíritu fue recogido en el Decálogo del Cadete, obra personal de Franco. En el mismo se reunían una serie de máximas sobre las virtudes militares que debían caracterizar a los oficiales y que los alumnos tenían que memorizar78. En el Decálogo se advierte cierta evocación del credo legionario y, como apunta Blanco Escolá, pretendía ser un compendio del tratado II de las Ordenanzas de Carlos III79. La polémica de Primo de Rivera con los artilleros aceleró la decisión de reinstaurar la AGM80. El objetivo que buscaba el dictador a la hora de reabrir la AGM era acabar con el espíritu de cuerpo que había caracterizado el sistema de academias independientes y sustituirlo por un mayor espíritu militar presidido por el compañerismo entre las distintas armas y cuerpos y por la unidad de doctrina. Según Alpert, se buscaba “reducir la separación entre las armas del ejército”, además de “alentar el ambiente de mística profesional y compañerismo encarnado por los llamados africanistas”81. Por su parte, Blanco Escolá afirma que el dictador necesitaba cohesionar a los militares -divididos por los enfrentamientos entre junteros y africanistas-, ya que habían de ser su base de apoyo82. Ese particularismo entre las distintas armas era cierto y ya había sido criticado por militares como el comandante Beta, partidario de un centro común para la formación básica de los oficiales. También sería criticado por Mola, quien definió a la AGM de Primo de Rivera como el mejor centro militar que había tenido España, alabando su organización técnica y la 76  BUSQUETS, Julio: El militar de carrera en España. Ariel, Barcelona, 1984, pág. 117. 77  Real decreto de 20 de febrero de 1927, 2ª: GM nº 53. 78  PUELL DE LA VILLA, Fernando: op. cit., pág. 200. 79  BLANCO ESCOLÁ, Carlos (1989): op. cit., pág. 169. 80  PUELL DE LA VILLA, Fernando: op. cit., pág. 199. 81 ALPERT, Michael: op. cit., pág. 161. 82  BLANCO ESCOLÁ, Carlos (1989): op. cit., pág. 21. Revista de Historia Militar, 121 (2017), pp. 73-90. ISSN: 0482-5748


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