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EJERCITO DE TIERRA ESPAÑOL 916

Dos semanas después, Moscú envió otro cable indicando que la misión era de máxima prioridad y solicitaba emplear todos los operativos disponibles para informar sobre RYAN. También exigía ampliar el seguimiento a todo el personal político, militar o técnico susceptible de participar en su preparación. El Politburó entendía que Occidente, consciente de la vulnerabilidad soviética frente a un ataque de decapitación8, intentaría burlar a Moscú mediante una operación de engaño (maskirovka) y organizar el ataque aprovechando unas maniobras. Era esencial descubrir cualquier indicio de RYAN con tiempo suficiente para lanzar el ataque preventivo. En esta coyuntura, dos movimientos estadounidenses reforzaron la paranoia de Moscú. El 8 de marzo Reagan formuló un controvertido discurso en el que calificaba a la URSS como el «imperio del mal». Dictada ante la Asociación Nacional de Evangélicos y con numerosas reminiscencias al universo Star Wars, esta conferencia fue seguida por Moscú con gran recelo porque la escalada de la retórica antisoviética podía significar que Washington estaba preparando a la opinión pública para la guerra. Veinte días después, Reagan anunció en un discurso televisado en horario de máxima audiencia el lanzamiento de la Guerra de las Galaxias. La respuesta del Kremlin fue inmediata: Andropov acusó a Reagan de mentir deliberadamente acerca del potencial militar soviético para justificar la Iniciativa de Defensa Estratégica y «…trazar nuevos planes para iniciar una guerra nuclear con la esperanza de ganarla »9, y alertó de que el mundo estaba al borde de un holocausto nuclear. Moscú percibía con suma preocupación esta iniciativa porque no solo podía inutilizar su arsenal atómico, acabar con el equilibrio estratégico e imposibilitar cualquier primer golpe o contragolpe soviético, sino porque también manifestaba la supremacía tecnológico militar estadounidense, la incapacidad soviética para mantener la carrera de armamentos y una brecha insalvable en la «correlación de fuerzas»10. Estos elementos motivaron que RYAN se convirtiera en el tema monográfico de la conferencia anual de los jefes de inteligencia del Pacto de Varsovia de 1983. Asumiendo que Washington parecía determinado a atacar y que solamente faltaba descubrir cuándo sería, estos acordaron asignar la máxima prioridad a la operación (a 34  REVISTA EJÉRCITO • N. 916 JULIO/AGOSTO • 2017 costa de paralizar el resto de las misiones en curso) y centrar los esfuerzos en tres áreas: conocimiento de cualquier decisión político-estratégica aliada concerniente al Pacto de Varsovia, alerta temprana de los preparativos aliados de un ataque nuclear e identificación de cualquier plataforma capaz de montar ingenios atómicos y que pudiera emplearse para atacar por sorpresa11. A medida que se acercaban las maniobras Able Archer 83 se produjeron dos sucesos que enrarecieron todavía más el ambiente entre ambas potencias e incrementaron la paranoia soviética. El 1 de septiembre un caza derribó un vuelo de Korean Airlines sobre la península de Kamchatka. Moscú había confundido este avión, que se había desviado de su rumbo hacia Seúl, con un avión de reconocimiento RC-135S que había sobrevolado la zona horas antes monitorizando ensayos de misiles soviéticos. Este error, fruto de las carencias de su defensa aérea, el estado de alerta en la zona tras las incursiones americanas y su paranoia no fue reconocido por el Kremlin hasta cinco días después. Sin embargo, Washington declaró que el derribo había sido intencionado e inició una ofensiva diplomática para aislar a Moscú que, convencido de que se trataba de una conspiración, calificó el incidente como «una provocación americana» y se vio forzado a justificar el derribo argumentando que el KAL-007 realizaba labores de espionaje. Semanas después se produjo otro incidente que reforzó los temores soviéticos. El 26 de septiembre, el sistema orbital de alerta temprana Oko informó del lanzamiento de cinco misiles balísticos americanos. Sorprendido por la absurdidad de la situación (un primer golpe implicaría el lanzamiento del millar de cohetes enemigos para anular la capacidad de contragolpe soviética), el teniente coronel Stanislav Petrov, que se encontraba de guardia coordinando la defensa aeroespacial rusa, omitió la alarma. Infringiendo los protocolos de lanzamiento en alerta para iniciar la represalia, Petrov esperó varios minutos hasta que los radares terrestres confirmaran el ataque, y perdió un tiempo vital para lanzar el contraataque pero salvó al mundo de un holocausto nuclear. Este fallo aumentó la paranoia soviética, al constatar que el sistema no era fiable para detectar un lanzamiento desde EEUU y que resultaba irrelevante para identificar un ataque desde Europa.


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