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EJERCITO DE TIERRA ESPAÑOL 916

Cuando estalló la Guerra Civil en España ya no quedaban republicanos, quedaban solo revolucionarios y contrarrevolucionarios. Debido a que los adversarios de los revolucionarios pasaron a llamarse a sí mismos «nacionales», nos hemos quedado con la acepción de «republicanos » para referirnos, equivocadamente, a los revolucionarios marxistas y comunistas que se denominaron posteriormente y a sí mismos «rojos», como reflejo de los revolucionarios bolcheviques. Lamentablemente, solo uno de los verdaderos republicanos que he mencionado nos ha dejado escrita su visión de la Guerra Civil. En su No fue posible la paz, Gil Robles ha dejado un interesantísimo y detallado testimonio de sus vivencias como político en la Segunda República. Además, tenemos los discursos de Lerroux y de Besteiro y sus actitudes y reacciones ante los acontecimientos de la época; pero aunque los 68  REVISTA EJÉRCITO • N. 916 JULIO/AGOSTO • 2017 tres sobrevivieron a la guerra, lamentablemente no han dejado un testimonio escrito sobre su visión de la Guerra Civil. El Gobierno de la República vio venir el intento de golpe de Estado. Me atrevo a afirmar que anticipaban esa intentona con satisfacción, pues tenían la total seguridad de que cualquier alzamiento militar fracasaría en pocas horas, o a lo máximo en unos días, y ello permitiría descabezar definitivamente a la «contrarrevolución » y eliminar el único obstáculo que quedaba para la instalación definitiva de la revolución socialista y su culminación en la dictadura del proletariado, objetivos declarados del Frente Popular, que ganó las elecciones en 1936. Para los responsables del Gobierno del Frente Popular la rebelión militar que se avecinaba, y de cuya planificación estaban muy bien informados, presentaba una magnífica oportunidad para aplastar de una vez por todas a los rebeldes y mostrar a sus leales los peligros de cometer deslealtad al Gobierno. Nunca pensaron que esa rebelión fracasara y pudiera llegar a desembocar en una guerra civil. El optimismo del Gobierno del Frente Popular era perfectamente comprensible. El Ejército había sufrido un proceso de erosión y desmoralización prácticamente continuo desde el advenimiento de la república, proceso que ni siquiera el Gobierno de centro derecha, instalado desde noviembre de 1933 hasta febrero de 1936, consiguió corregir. A ello se sumaba la hostilidad declarada de sindicatos y organizaciones marxistas hacia la institución militar, así como la penetración de los partidos de la izquierda radical, especialmente el Partido Comunista Español (PCE), que en algunos cuarteles superaba el 25% de los soldados y de los suboficiales. Los mal llamados «republicanos» jamás pensaron que con los levantamientos del 18 de julio se llegaría a desencadenar una guerra civil. Nunca dudaron de su capacidad de aplastar cualquier intentona militar. Por eso dejaron actuar a los conjurados y recibieron el alzamiento con casi indisimulada satisfacción. ¿Cómo podrían tener éxito unos pocos militares, totalmente localizados y rodeados, mal armados, sin recursos económicos, sin apoyo ¡No pasarán! Madrid a finales de 1936, en plena guerra civil


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