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EJERCITO DE TIERRA ESPAÑOL 916

REVISTA EJÉRCITO • N. 916 JULIO/AGOSTO • 2017  79  SECCIONES FIJAS pudiera llegar a Flandes por territorio propio y hacerse cargo de la peligrosa rebelión que allí se estaba gestando. Un viaje que pudo haber aliviado muchas tensiones y que por desgracia nunca se produjo. Para esta ocasión, el Rey hubiera preferido viajar a través de Alemania, pero Granvela le convenció de que los protestantes de este país le serían hostiles. En cambio (le dijo el consejero), si hacía el recorrido por el itinerario que él proponía, el monarca pasaría siempre por territorios que le pertenecían, como el Milanesado o el Franco-Condado, o que eran aliados, como Saboya, o neutrales, como Lorena. Como señala William S. Maltby, el biógrafo del duque de Alba, la elección de la ruta hacia los Países Bajos quedó determinada por una serie de factores tanto políticos como geográficos. El primer recorrido de los soldados de Alba pasaba por Alessandria, Asti, Turín, el valle de Aosta, Susa, Chambéry, el Franco-Condado, los montes del Jura, Nancy, Thionville, Luxemburgo, Namur y Bruselas. Descartada la ruta por mar, el duque de Alba había pensado inicialmente llevar consigo los Tercios de Nápoles, Lombardía, Cerdeña y Sicilia (los famosos Tercios viejos) y reclutar el resto, hasta unos 30.000 hombres, en Alemania y los Países Bajos. Al final, emprendieron la marcha desde Milán 8.780 soldados de infantería más 1.200 jinetes ligeros y arcabuceros a caballo. TRAZANDO EL CAMINO La ruta de este ejército iba desde Lombardía hasta Flandes pasando por el Piamonte, Saboya, el Franco-Condado y Lorena, y discurría casi totalmente bajo dominio español aunque atravesaba países de lenguas, culturas y soberanías diferentes. Con anterioridad a la marcha, el duque de Alba envió a un ingeniero especializado y 300 zapadores para ensanchar caminos, vadear ríos y sortear desfiladeros y espesos bosques. Iban acompañados de dibujantes que levantaron planos y croquis de la región, y eso permitió a la expedición cruzar las montañas alpinas con relativa facilidad a pesar del mal tiempo. El encargado de reconocer el itinerario previsto fue Juan de Acuña Vela, miembro del Consejo de Guerra, capitán general de artillería y comendador de la Orden de Calatrava. La ruta terrestre más lógica hubiera sido la de Francia, pero una vez excluida por razones políticas había otra posibilidad: navegar el curso del Rin, algo que también quedó desechado por la hostilidad del conde palatino de Renania. Después de muchas deliberaciones, la decisión final fue encaminar a las tropas por el Piamonte y Saboya, cruzar los Alpes por Mont Cenis y penetrar en el Franco-Condado bordeando con cautela la ciudad calvinista de Ginebra y evitando la ciudad libre de Besançon, que tenía un tratado de neutralidad con Francia. A partir de ahí, desde Saint Loup, la expedición del duque de Alba debía pasar por el ducado de Lorena, y luego, ya en suelo de Flandes, por la fortificada plaza de Thionville hasta Luxemburgo y Bruselas. En este primer recorrido del Camino Español las misiones diplomáticas desempeñaron un papel muy importante, ya que hubo que pactar con Saboya, Lorena y Lieja, dominadas por poderes independientes, además de tener que tranquilizar al desconfiado rey francés, que envió un fuerte contingente armado para seguir de cerca los movimientos del ejército hispano. Mosquetero, piquero y artillero de los Tercios Después de Milán, el Franco-Condado era el


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