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EJERCITO DE TIERRA ESPAÑOL 916

Finalizada la preparación, y habiendo llegado a las faldas del Himalaya, nos enfrentamos a la aproximación al campamento base que duró una semana y sirvió para la aclimatación progresiva a la altura de todos los expedicionarios, y además, para poder admirar algunos de los paisajes más bonitos del planeta. Dejando el «ego» de cada uno y asumiendo que lo importante es ayudar al eslabón más débil, que puede ser cada uno de la expedición, dependiendo de las circunstancias, nos convertimos en una familia de 17 amigos desplegados a 8.000 Km de nuestra querida España y unidos por un sueño, hacer cumbre en el Everest. Una vez alcanzado el campamento base, no se descendió de él hasta el final de la expedición, dos meses más tarde. Como es casi imprescindible, también subían con nosotros los sherpas y demás porteadores con sus yaks y nuestras 300 cargas. Coincidimos además con otras expediciones con las que compartiríamos aquellos meses de aventuras y peligros, de tristezas y alegrías. En total éramos 14 expediciones de diversos países, entre ellas, tres españolas y dos expediciones militares más, una británica y otra india. El primer obstáculo que hubo que superar fue la mítica cascada de hielo del glaciar del Khumbu, que con sus 500 m de desnivel constituye un formidable obstáculo natural. Muchas de las tragedias de expediciones fracasadas en la historia del Everest, han sucedido en el interior de la cascada de hielo. Se necesitaban más de 5 horas de escalada para remontarlo y había que cruzar más de 40 escaleras metálicas para pasar sus innumerables grietas. Era como cruzar un campo de minas que a veces, debido a las tormentas, había que volver a organizar. Al final de la cascada del Khumbu se situaba el Campamento 1, a 6.100 m de altura, que daba paso al llamado «valle del silencio» que tiene unas proporciones gigantescas y que está flanqueado por algunas de las montañas más altas de la tierra, como el Lhotse o el Nuptse y superándolas a todas, nuestro «sueño», el Everest. Fueron muchos días de trabajo en altura, de alegrías y decepciones, con un solo objetivo, llevar nuestra bandera hasta lo más alto del planeta y filmarlo. El esfuerzo, compartido y solidario de todos los componentes de la expedición, fue la 8  REVISTA EJÉRCITO • N. 916 JULIO/AGOSTO • 2017 base del éxito en una gran empresa deportivo científica como la que llevamos a cabo. En definitiva una expedición es como un equipo de fútbol. En él hay un portero, defensas, delanteros, un entrenador, utilleros, masajistas, psicólogos, etc, y cada uno tiene que saber hacer bien su trabajo, sin fallos, o el equipo estará destinado al fracaso. Todos los expedicionarios deben ser capaces de sacrificarse en beneficio del equipo, o del que se encuentre en mejor estado físico y moral, el día de intentar ascender a la cima. Los egos deben dejarse en casa y el compañerismo y espíritu de sacrificio deben aforar. La participación del equipo de Televisión Española añadía un plus de complicación, debido a las necesidades de filmación, que obligaban en numerosas ocasiones, a repetir el paso por algún sitio delicado y exigía el transporte, por parte de todos los expedicionarios, de todo el equipo de cámaras, trípodes, baterías, cajas, con un peso considerable. Las necesidades de filmación hicieron más complicado el día a día. Para hacer, aún si cabe, más «emocionante» el reto, añadimos la dificultad técnica de la ruta elegida por la expedición, ruta muy alejada de la «ruta habitual», y que fue nada menos que el Espolón Sur, también conocido como la ruta de los Polacos. Para ello tuvimos que cruzar, tras montar y abastecer el campamento base avanzado situado a 6.400 m de altura, una enorme rimaya que daba acceso a nuestra vía de escalada y colocar 2.000 m de cuerdas fijas para asegurar la complicada ruta elegida. La preparación de los campamentos de altura se realiza apoyándose en los campamentos inferiores preparados y abastecidos previamente. Eso quiere decir que, cuando se sube a montar el último campamento de la expedición, el Campo 4, situado a 8.200 m, se ha dormido y consumido comida y combustible en todos los campamentos previos, los cuales deberán, a su vez, volver a ser reabastecidos en un trabajo en equipo constante y permanente por parte de expedicionarios y de sherpas. Este trabajo proporciona la aclimatación necesaria a los expedicionarios a alturas cada vez mayores y la posibilidad para el equipo de Al Filo de lo Imposible de filmar todo desde diferentes ángulos y lugares.


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