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EJERCITO DE TIERRA ESPAÑOL 916

REVISTA EJÉRCITO • N. 916 JULIO/AGOSTO • 2017  83  SECCIONES FIJAS veces que se hincha al mojarlo en vino, vinagre o aceite. Su uso es más habitual en personal embarcado. Ambos resultan muy prácticos por su escaso volumen, su riqueza energética y su fácil conservación. El pan de munición es el carburante que mueve los ejércitos en la época moderna. Producido en territorio propio, adquirido en estados neutrales o elaborado sobre la marcha ofrece las ventajas de su bajo coste, facilidad de almacenamiento y larga duración. De ser necesario puede almacenarse durante años. La ración mínima diaria que necesita un soldado para poder vivir, según se estima, es un pan de libra y media, unos 690 gramos, y es costumbre entregar un pan de 3 libras cada dos días. Con cada fanega de trigo (44 kilos) se pueden elaborar 50 panes de munición de libra y media de peso. Para una campaña un ejército requiere una enorme cantidad de trigo. Por ejemplo, para la fuerza de 20.000 combatientes que en 1591 se moviliza para sofocar las alteraciones producidas en el reino de Aragón, calculando una campaña de dos meses de duración, se aprestaron 36.000 fanegas de trigo (1.584 toneladas), que hubo de comprarse por toda Castilla. Los 690 gramos de pan consumidos diariamente proporcionan 1.582 calorías, la mitad de las necesarias en un día. El pan aporta calorías e hidratos de carbono, pero no proteínas, vitaminas ni otros nutrientes precisos para conservar la salud. Debe, por tanto, ser complementado con otros elementos: carne, queso, verduras (especialmente legumbres), aceite, vinagre y sal. La ración de carne, con unas cantidades que pueden oscilar mucho, es baja en comparación con los estándares modernos. No pasa de media libra (unos 230  gramos), el día que es factible suministrarla. El vacuno es la carne más consumida. El ejército suele ir acompañado de algún rebaño de ganado que proporciona una fuente inestimable de carne fresca. Une a su capacidad de autotransportarse y alimentarse pastando un buen rendimiento cárnico. Las vacas son propiedad del rey, se sacrifican cuando hay necesidad y su carne se distribuye a la tropa a precios razonables. La carne de cerdo, como tocino o en salazón, se utiliza frecuentemente en campaña por ser barata y duradera. Otras fuentes de carne resultan mucho menos habituales y solo se consumen ocasionalmente. El queso, por su peso ligero y facilidad de transporte, también forma parte de la dieta en campaña, y esta se complementa con menestra (legumbres), normalmente habas o garbanzos, principal fuente de proteínas, pescado seco o ahumado, vinagre, aceite y sal. La fruta no forma parte de las raciones, aunque es vendida por los cantineros a los soldados o recogida directamente por estos cuando hay ocasión. Cada «camarada» o grupo de soldados comparten lo que tenga cada uno para poder mejorar algo su espartana dieta. Hacen «rancho común», guisado en un puchero por un «mochilero» o alguna «soldadera» que se ocupa también de lavar y zurcir la ropa. Sin cubiertos ni vajilla, cada Pan y vino, alimentos básicos del soldado en el Siglo de Oro español Carne seca de vacuno, alimento habitual en la dieta del soldado de la época


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