Page 84

EJERCITO DE TIERRA ESPAÑOL 916

soldado usa su daga o «quitapenas» para servirse directamente de la olla que comparten en buena armonía por el equitativo procedimiento de «cucharada y paso atrás». En campaña es muy habitual suministrar solo artículos no perecederos, por las enormes dificultades de transporte y conservación. Así, muchas veces el sufrido soldado debe conformarse con algo de carne salada, un poco de queso y pan duro. En esta línea, Martín de Eguiluz exhorta al proveedor general a que vele por que «no falte en el ejército jamás pan, vino y carne salada, y queso, aceite, vinagre, que carne fresca se comerá donde pudiere». Pero la necesidad más básica de un ejército en campaña no es la comida sino la bebida. Una persona puede sobrevivir bastante tiempo sin alimentos sólidos, pero sin líquidos sobreviene la muerte en unos días. Esta necesidad de líquido se satisface de diversas maneras. La más común, aunque no necesariamente la más popular, es consumiendo agua. Para un ejército grande, y especialmente para la caballería y los animales de tiro, el acceso al agua es imprescindible y determina el lugar de acampada. Se regulan las marchas para asegurar la proximidad de manantiales y se tiene mucha precaución con el agua contaminada, más peligrosa incluso que su falta. Aguas estancadas o corrompidas pueden causar estragos en una fuerza. Las necesidades de agua de hombres y animales tienen que satisfacerse a diario y en grandes cantidades. Es un problema logístico de primera magnitud. Su falta puede paralizar rápidamente un ejército. Un hombre requiere 2 litros de agua 84  REVISTA EJÉRCITO • N. 916 JULIO/AGOSTO • 2017 al día, un animal de 15 a 30. Sin ella los animales resultarán inútiles y en pocos días los hombres estarán en peligro de muerte. En circunstancias normales las fuentes de agua naturales, como arroyos o albercas, bastan. Sin embargo, en verano los manantiales suelen secarse, lo que complica la obtención de agua. Esta circunstancia puede obligar a un ejército a interrumpir la campaña durante lo más tórrido del verano. Además, una fuerza en retirada puede cegar los pozos con arena o emponzoñarlos arrojando animales muertos. Un general cuidadoso estudia sus movimientos para encontrar en su camino fuentes viables de agua e intenta impedir al enemigo el acceso a ellas. Un problema adicional es que la forzosa recogida de agua es una operación delicada. Las fuentes de agua suponen un objetivo obvio para las emboscadas y las partidas de aguadas son particularmente vulnerables. Siempre que es posible se utilizan otros líquidos más apetecibles; para los españoles sin duda el vino, para otros ejércitos la cerveza. El vino no es solo una fuente de líquido, sino que tiene también un alto valor nutritivo. No debe despreciarse como alimento, ya que 1 litro proporciona aproximadamente 700 calorías. Además, el vino, al igual que el vinagre, tiene propiedades antiescorbúticas, lo que lo hace siempre preferible al consumo de aguas de dudosa procedencia. Los soldados de los Tercios resultan menos vulnerables a sufrir los estragos del escorbuto gracias a su saludable costumbre de trasegar vino en cantidad cuando hay ocasión. La ración estimada de vino que con más frecuencia reflejan los autores es medio azumbre, aproximadamente 1 litro, cantidad que hoy puede parecer excesiva, no así en el tiempo de los Tercios. Los mandos apreciaban el hábito de beber con cierta moderación, ya que se afirmaba que valen más algunos soldados de los que beben vino que muchos más de los «aguados». En Flandes, a falta de vino, los españoles adquieren por necesidad el hábito de beber cerveza, debido a que en esos ambientes pantanosos se hace preciso por la escasez de agua pura de manantial. La bebida resulta bastante adecuada, ya que su graduación alcohólica la protege de contaminaciones y la conserva en el tiempo. La enfermedad del escorbuto, corriente en los ejércitos de la época, aparece como consecuencia de una alimentación pobre en vitaminas


EJERCITO DE TIERRA ESPAÑOL 916
To see the actual publication please follow the link above