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EJERCITO DE TIERRA ESPAÑOL 916

allegar los recursos para el sostenimiento del ejército adquiriendo todo lo preciso en las condiciones más ventajosas. Se designa un comisario de muestras, un funcionario de la Hacienda Real, para dar fe de los efectivos de las unidades con el objeto de asignar en consecuencia las provisiones. Antes de iniciar la campaña, las unidades pasan muestra para comprobar que los efectivos que figuran en el papel coinciden con los que realmente están prestando servicio. Mientras se lleva a cabo la movilización del ejército, el proveedor general se informa de los lugares donde acamparán con el fin de colocar a personal de su confianza en los puntos más convenientes con instrucciones sobre el abastecimiento. Durante la campaña, el capitán general debe mantenerlo informado de sus planes para que pueda resolver con tiempo lo necesario para asegurar la disponibilidad de víveres. Los proveedores son los encargados de tratar con los civiles y reunir los suministros precisos. Para evitar que el proveedor general sucumba a la tentación de incurrir en algún abuso, su actividad es fiscalizada por un veedor general, designado personalmente por el rey, que lleva un minucioso registro de ingresos y gastos. Finalmente, el tenedor de bastimentos y sus ayudantes reciben los suministros y reparten las raciones. Las vituallas que suministra la Corona se descuentan cuando se «fenecen cuentas», es decir, cuando se liquidan sueldos devengados y no pagados. En el Camino Español el sistema de avituallamiento es similar. Cada expedición es precedida por un comisario especial, enviado desde Bruselas o Milán, que determina con las autoridades locales los lugares en los que han de detenerse, la cantidad de víveres que han de proporcionarles y su precio. Acordados los puntos de pernocta y las necesidades de la fuerza, cada gobierno local pide ofertas de aprovisionamiento. Los asentistas cuya oferta es aceptada firman una capitulación que fija la cantidad de alimentos que tienen que proveer y los precios que pueden exigir por ellos. Los recursos que se van acumulando se almacenan en casas debidamente custodiadas. Cuando llegan las tropas se presenta en el almacén un solo oficial por cada compañía a recoger las raciones que corresponden a sus hombres y firma un recibo que posteriormente se presenta al comisario que ha rubricado la 86  REVISTA EJÉRCITO • N. 916 JULIO/AGOSTO • 2017 capitulación. Finalmente, en la soledad de la oficina de cuentas del ejército, algunas semanas más tarde, se calcula laboriosamente el coste total de los víveres suministrados a cada soldado y oficial, y se deduce de su soldada. Transitando el Camino Español el soldado de los Tercios tenía el alimento garantizado. En campaña esto resultaba a menudo inviable y el hambre era su fiel acompañante. No todos los soldados lo sobrellevaban con el mismo ánimo. Otras naciones, acostumbradas a vidas de más deleite, sufrían peor el hambre y las privaciones. Los españoles, gente hecha a padecer en los páramos de su Patria, eran capaces de seguir peleando como demonios sin otro socorro que un mendrugo de pan duro y algo de vino. NOTAS 1  Frase de Gonzalo Fernández de Córdoba y Aguilar (1453-1515), el Gran Capitán. En sus campañas concedió gran relevancia al avituallamiento de su ejército, ya que era consciente de que «mejor es vencer al enemigo con el hambre que con el hierro». EMPEL, ORIGEN DEL PATRONAZGO DE LA INFANTERIA Jesús Dolado Esteban. Asociación Retógenes, Amigos de la Historia Militar «La casualidad es quizá el sinónimo de Dios, cuando no quiere firmar». Anatole France Para quienes hemos tenido la suerte de escuchar al teniente general Muro la historia de cómo se «redescubrió» Empel, entendemos cuánto de verdad se encierra en esta frase. Transcurría el año 2007 cuando el recién ascendido general de brigada se hacía cargo del


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