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EJERCITO DE TIERRA ESPAÑOL 916

Hubo un pintor, Ulpiano Checa, que a dos pasos de Madrid nos dejó la mejor colección de cuadros de la caballería que imaginarse pueda. Colmenar de Oreja, ese es el pueblo donde nació y al que legó la belleza de su obra. Dragones, coraceros, húsares, lanceros, cazadores. Tal vez los más famosos sean los húsares, y de entre ellos los de la Princesa, de los que fue jefe el celebérrimo general Diego de León, «la primera lanza de España». El uniforme de los húsares, con independencia del variado colorido de cada regimiento, ya de por sí vistoso, era peculiar por esa chaquetilla que pendía del hombro izquierdo, que no era sino una tradición recuerdo de un recurso utilizado por los jinetes cuando llevaban coraza que, para evitar que se calentara con el sol, colgaban aquella del hombro por el que recibían sus rayos. Batallas famosas de la Caballería española fueron la de los Castillejos, en la guerra de África de 1860; la de Taxdirt, con Cavalcanti apoyado por los zapadores; en el año 1921, en Marruecos; la de Treviño, en las guerras carlistas, con el coronel Contreras al frente de sus lanceros; la de la Alfambra, en la guerra de 1936, última carga de los jinetes en nuestra historia y, naturalmente, la de Annual, con el teniente coronel Primo de Rivera al mando de los Cazadores de Alcántara, regimiento elegido por Benlliure para perpetuar en bronce la gloria de la Caballería y que, obvio es decirlo, se encuentra a la entrada de la academia de este Arma, en Valladolid. Don Gaspar de Portolá, con sus dragones, en la California de fray Junípero Serra; el marqués de la Romana, con sus cazadores, en Dinamarca, durante la guerra de la Independencia; el general Zavala, con sus húsares, en África, compitiendo en valor con los voluntarios catalanes y el laureado Von Lindeman en la batalla del Jarama, son otras tantas figuras señeras de nuestra caballería. El «espíritu jinete» es una frase hecha que utilizan los de caballería, de difícil definición, aunque debe ser algo así como el «espíritu de cuerpo», aunque más particularizado. Dicen que los actuales carristas hablan asimismo del espíritu jinete, pero no es lo mismo, porque al faltar ese ser vivo, de carne y hueso, al que se cuida, se mima, se le pone nombre y comparte con el jinete la aventura de la vida y la muerte, es difícil que todo sea igual con un armazón de 92  REVISTA EJÉRCITO • N. 916 JULIO/AGOSTO • 2017 hierro y acero que bombea gasolina en lugar de sangre, que no palpita y tiembla antes de entrar en combate y al que no cabe sentir su pérdida, ni pedirle un último esfuerzo para alcanzar el objetivo o para salvar la vida. Verdad es que los pieles rojas llamaban al ferrocarril el «caballo de hierro», al que por cierto acosaban con sus caballos píos, que la bicicleta fue conocida como el «caballo de acero» y que los pilotos de caza llamaban «montura» (no sabemos si aún lo harán) a sus aviones, pero todo ello no pasa de ser mera anécdota de la enorme influencia que el noble bruto ha tenido para hacer que los hombres hayan identificado objetos inanimados con el nombre de quien, por siglos, ha sido el mayor y mejor colaborador y amigo del hombre, y en especial del soldado. Ha habido un autor, Julio Merino, que ha escrito un curioso libro titulado Caballos. Historia, mito y leyenda, en el que menciona casi todos aquellos que fueron famosos por pertenecer a esos personajes que han escrito la historia a lo largo de los siglos, desde la celestial yegua Al Buraq de Mahoma hasta el caballo blanco de Santiago; desde aquel bruto que donde él pisaba Monumento a la Caballería de Mariano Benlliure, representación en bronce del «espíritu jinete»


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