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REVISTA ESPAÑOLA DE DEFENSA OCTUBRE 2017

Invitados, familiares y amigos de los jurandos se distribuyeron alrededor del Paseo del Prado para seguir de cerca la ceremonia. Si algo define estas ceremonias es la heterogeneidad de los asistentes. El Paseo del Prado reunió el 23 de septiembre a hombres y mujeres de todas las edades, desde jóvenes que acaban de estrenar la mayoría de edad y que nunca habían oído hablar del servicio militar, hasta veteranos que deseaban renovar su juramento realizado hace casi tres décadas. Entre estos últimos se contaban los trece miembros del Tercio de Veteranos de Infantería de Marina, que suma más de 400 miembros en toda España. Alfredo Ramón Kopt rememoraba en Madrid su jura realizada en Cartagena en 1993 y otros compañeros renovaban un compromiso adquirido ya en 1973. «Para nosotros no es la primera vez —explicaba Alfredo— pero nos sentimos muy orgullosos de poder compartir un gesto de tanto simbolismo con ciudadanos, muchos muy jóvenes, que no tuvieron oportunidad de hacerlo hasta hoy». María Martínez del Río, madrileña, de 26 años, abandonó por una mañana la férrea disciplina que exigen sus oposiciones a inspectora de Hacienda para participar en la ceremonia acompañando a su padre. Habían llegado, como el resto del grupo, con dos horas de antelación para el ensayo previo. Muy cerca esperaban su turno Carmen, Maite, María, Isabel y Pilar, cinco amigas de 19 años, estudiantes de Derecho y Psicología, que llevaban un año intentando apuntarse a una jura. «Nos inscribimos en diciembre para intervenir en una del Ejército de Tierra, en julio en el Ejército del Aire, pero siempre llegábamos tarde y el cupo de plazas ya se había cerrado. A la tercera va la vencida y hoy, por fin, estamos las cinco aquí», sonríe Maite. Mientras los jurandos ocupaban su lugar en dos formaciones ordenadas, los invitados, familiares, amigos y compañeros, se distribuían alrededor del Paseo del Prado para seguir de cerca cada paso y registrar en la cámara de sus móviles el momento. La celebración en plena calle, fuera de un recinto militar, atrajo también a numeroso público espontáneo que se agolpaba en el bulevar interesándose, primero, por el significado de la ceremonia, para preguntar después cómo participar en una jura y poder sentirse protagonistas de la escena que hoy disfrutaban solo como observadores. UNA TRADICIÓN MILENARIA Los orígenes de la jura se remontan a la antigua Roma, al compromiso conocido como sacramentum, implantado con las reformas militares de Augusto para obtener la condición de legionario. La fórmula se ha mantenido desde entonces de formas muy diversas a lo largo de la historia en los Ejércitos occidentales. En España, se estableció formalmente en las Ordenanzas promulgadas por Carlos III en 1768. El ritual se mantuvo en lo esencial durante tres siglos hasta llegar a 1999, cuando la ley de Régimen de Personal de las FAS, regulaba el Las juras para civiles se han multiplicado en los últimos años y la demanda no para de crecer 22 Revista Española de Defensa Octubre 2017


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