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REVISTA ESPAÑOLA DE DEFENSA OCTUBRE 2017

En favor de la DEFENSA EUROPEA Teniente general Alfredo Ramírez Fernández Comandante del Eurocuerpo hasta el pasado 7 de septiembre INCERTIDUMBRE y volatilidad han sido las características fundamentales del entorno estratégico mundial de los últimos años. En este contexto, no es de extrañar que, en marzo de este mismo año durante la celebración del sesenta aniversario de la firma del Tratado de Roma, los dirigentes de veintisiete Estados miembros de la Unión Europea (UE) declarasen que ésta «se enfrenta a retos sin precedentes, tanto mundiales como interiores: conflictos regionales, terrorismo, presiones migratorias crecientes, proteccionismo y desigualdades sociales y económicas». Todo indica que finalmente gobiernos e instituciones son conscientes de que estos riesgos desafían a todos los países de la UE sin distinción. Ningún Estado, por poderoso que se considere, puede afrontar por si solo los peligros que emanan de un mundo en rápida evolución. Además, por su interconexión y diversidad los desafíos no son únicamente militares sino también sociales, políticos y económicos. El Brexit y la ambigua política que con relación a Europa lleva a cabo la nueva administración norteamericana no han hecho nada más que acrecentar la urgencia para que la UE impulse decididamente su autonomía estratégica. Ante esta situación, la Unión se dispone a reforzar la multitud de instrumentos con los que cuenta. En particular, el impulso definitivo a la Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD) se antoja quizás como la reforma más audaz y necesaria que está acometiendo la Unión en la actualidad. Esta reforma de la PCSD se asienta sobre dos pilares. En primer lugar y sobre lo que señala la Estrategia Global de Seguridad, Federica Moguerini, Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, ha confeccionado un Plan de Implementación en Seguridad y Defensa. Este plan incluye, entre otras medidas, la reevaluación de la respuesta rápida de la UE para la gestión de conflictos y crisis y el establecimiento de una Revisión Anual Coordinada que sirva para profundizar la cooperación e interoperabilidad en materia de defensa. Sin embargo, es sin duda la denominada Cooperación Estructurada Permanente (CEP) —incluida en los artículos 42.6, 46 y protocolo 10 del Tratado de la Unión Europea— el asunto crucial del plan propuesto por la Alta Representante. Sobre la idea general de que no es preciso modificar el Tratado de Lisboa, la CEP trata de institucionalizar una colaboración «a la carta» entre los países interesados en que la PCSD progrese más rápidamente. Esta fórmula respetaría los intereses particulares de todos los Estados miembros, al mismo tiempo que se fomenta un mayor compromiso multinacional en aspectos de seguridad y defensa. Es preciso resaltar que esta iniciativa no es exclusiva de las instituciones comunitarias de Bruselas, sino que cuenta con el importante respaldo político del Parlamento Europeo. En una resolución de 16 de marzo de 2017, los europarlamentarios alentaban a «los Estados miembros a que, cuanto antes, establezcan una Cooperación Estructurada Permanente en el marco de la Unión y participen en la misma, con vistas a mantener y mejorar sus capacidades militares mediante el desarrollo de su liderazgo y doctrina, la formación y el desarrollo del personal, el desarrollo de infraestructuras y material de defensa y la interoperabilidad y la certificación». Los últimos desarrollos de la CEP son prometedores. Este mismo mes de septiembre, Federica Mogherini anunció que la carta de notificación de interés, que consolide los compromisos y condiciones de la iniciativa, podría ser remitida a las naciones miembro de la UE durante el mes de octubre. Hasta la fecha, los 20 Estados que han manifestado su deseo de participar en la CEP han remitido casi 30 proyectos para su posible inclusión en el marco de este tipo de cooperación. Junto con las acciones del Servicio de Acción Exterior de la UE, la Comisión está implementando el Plan de Acción para la Defensa Europea. Este segundo pilar sobre el que se asienta la actual reforma de la PCSD incluye la creación de un Fondo Europeo de Defensa, así como otras medidas, para apoyar a los Estados de la UE en mejorar la eficiencia en el gasto en capacidades de defensa y fomentar una industria de defensa competitiva. En este último aspecto, se está analizando 44 Revista Española de Defensa Octubre 2017


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