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REVISTA ESPAÑOLA DE DEFENSA OCTUBRE 2017

cargos en el Ministerio de Asuntos Exteriores, ha sido representante de España en el Consejo de la OTAN en dos periodos. Miranda precisó que su ambición es que en la Alianza Atlántica y en la ONU haya un único embajador de la UE y Los ponentes «España es el único país que ha contribuido destacaron que es fundamental mantener la relación con la OTAN que, mientras tanto, digan todos lo mismo, sin matices. Según Miranda, lo principal es distinguir entre autonomía y autarquía. «Hoy —prosiguió—, estamos todos relacionados con amigos y con potenciales enemigos también». A pesar de la llegada de Trump a la presidencia de los Estados Unidos, este país sigue siendo un amigo imprescindible para Europa, aseguró el embajador y añadió que la UE «debe tener más fuste internacional, tanto en lo político como en lo militar, y debe ponerse al nivel de EEUU, China y Rusia en este último campo». La gobernanza económica es fundamental para la defensa, advirtió Miranda, «porque tiene que haber presupuestos comunes», y señaló que no sabe si la UE tendrá que hacer una alianza europea de defensa que tenga cabida en la OTAN y capacidad de operación propia, con sus brazos tendidos a los que no están en la Alianza Atlántica o no son de la UE, entre los que habrá que incluir al Reino Unido. Pero, subrayó que lo importante serán las preguntas: qué territorio se defiende, por quién, contra quiénes...; porque si hay un compromiso de defensa, las opiniones públicas se preguntarán, por ejemplo, por qué van a defender a otro país solo cuatro miembros de la Unión. COMPONENTE MILITAR Para Félix Arteaga Martín, analista principal de seguridad y defensa del Real Instituto Elcano y oficial de la escala superior en la reserva, «los analistas no acabamos de entender el concepto de autonomía estratégica», del que en Europa no hay una única interpretación, sino muchas. Esta definición estaba vinculada a la industria de la defensa desde los objetivos de Helsinki, cuando no había política exterior de la UE y se formulaba en términos de capacidades. Lo que interesa, manifestó Arteaga, no son las capacidades, sino saber para qué se quieren. «Lo que primero debemos decidir es qué queremos hacer en el mundo, y luego veremos el tipo de equipos que necesitamos ». La idea, dijo, es aprovechar la autonomía estratégica para desarrollar nuestras capacidades industriales. Pero, al final, el nivel de ambición de la UE consiste en continuar haciendo lo de siempre, mientras que la defensa es cosa de la OTAN. «O sea, que la autonomía estratégica es para hacer más de lo mismo, no para hacer defensa, pero desarrollando nuestras capacidades industriales ». En el concepto de autonomía estratégica intervienen muchos elementos, apuntó: soberanía nacional, economía, cultura estratégica, desarrollo industrial, etcétera. «La UE tiene más autonomía estratégica ahora que hace meses, pero sigue estando muy limitada», según Arteaga. Al analizar este asunto, el Instituto Elcano se encontró con que países grandes de Europa entendían la autonomía estratégica con un enfoque de complementariedad y referida al núcleo de los intereses nacionales. «Eso supone que todos los países tienen responsabilidades no compartidas que deben cubrir, y que si la UE les da mayor autonomía puede serles útil en la medida que les aporte algo. Cuando Francia y Alemania ponen en marcha propuestas a las que nos adherimos los demás, entienden la autonomía estratégica europea como complementaria de sus industrias». La cuestión es política, explicó Arteaga, porque la decisión de emplear la fuerza militar es de cada estado soberano, que puede no estar de acuerdo en el último momento por motivos internos (elecciones, cultura estratégica, problemas presupuestarios....). Al establecer la Cooperación Estructurada Permanente en Defensa, «los gobiernos tendrán que decidir si conservan su competencia estatal y cuándo van a renunciar a ella, porque llegará un momento en que la decisión será irreversible », aseveró. «Tenemos que saber y definir si existen riesgos compartidos o no por los países miembros, las necesidades específicas que esas amenazas suponen, qué problemas operativos vamos a tener, de qué elementos económicos y militares vamos a disponer y de qué forma los vamos a utilizar». Arteaga también apuntó que desde el momento en que no hay amenazas compartidas y se cuenta con recursos asimétricos resulta muy difícil ponerse de acuerdo, «porque la autonomía es- 48 Revista Española de Defensa Octubre 2017


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