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REVISTA ESPAÑOLA DE DEFENSA 344

Una Europa unida Y segura ES el momento de Europa. Y el de reafianzar las alianzas como la mejor manera de garantizar la seguridad de todos. Los líderes europeos y, fundamentalmente, los de los cuatros grandes —Alemania, Francia, Italia y España—, han tenido claro que era la ocasión para disponer de una auténtica política de defensa común. Y España ha estado ahí, como uno de los motores para este nuevo impulso. Pocas horas después de su toma de posesión, María Dolores de Cospedal asistió a su primera reunión del Consejo de Europa a nivel de ministros de Exteriores y Defensa, los días 14 y 15 de noviembre de 2016. Fue un encuentro crucial, en el que se puso sobre la mesa la propuesta más ambiciosa en materia de Seguridad jamás concebida por la UE y se marcó la hoja de ruta para conseguirlo. Los 28 ministros acodaron crear un Plan de Implementación de la Estrategia de Seguridad Global que había presentado Federica Mogherini en calidad de Alta Representante para la Política Exterior. Entre otras medidas, se decidió la creación de un Fondo Común para sufragar desarrollos militares con presupuesto comunitario y la posibilidad de disponer de un mando para coordinar las operaciones. También en esa reunión se planteó la posibilidad de activar la Cooperación Estructurada Permanente (PESCO) para que aquellos Estados que lo deseen puedan asociarse voluntariamente para avanzar y poner en marcha determinados proyectos. Sin olvidarse de la Alianza Atlántica, los 28 decidieron también fórmulas concretas para materializar la Declaración Conjunta OTAN-UE firmada pocos días antes, en la que bajo el lema «Una Europa fuerte hará a la OTAN más fuerte» se establecían 40 medidas para mejorar la colaboración entre ambas organizaciones en el terreno operativo e industrial. Como ejemplo, la OTAN decidió poner en marcha la misión Sea Guardian en el Mediterráneo para apo- yar la operación Sophía de la UE y desplegar cuatro batallones reforzados en los países bálticos y Polonia para mejorar la seguridad del flanco oriental. España anunció ya entonces que participaría en estas misiones. En su primera rueda de prensa como ministra, María Dolores de Cospedal, resumió los cuatro principios básicos en los que se debía basar la construcción de la defensa común: «La cooperación entre la OTAN y la UE, la inclusividad, la solidaridad y la conjunción entre ambición y realismo». Una Europa fuerte en defensa, añadió, «necesita unas capacidades militares sólidas, coherentes con nuestro nivel de ambición y que estén a disposición de la UE, de la OTAN y de nuestras naciones». CALENDARIO CUMPLIDO Todos los engranajes de la Unión se pusieron en marcha para cumplir esos objetivos. El pasado marzo, los ministros de Exteriores y Defensa establecieron la Capacidad Militar de Planeamiento Operativo y Conducción Militar con la creación de un estado mayor conjunto para dirigir y coordinar las misiones no ejecutivas. Un mando centralizado que, además, permitirá compartir conocimientos y experiencias para determinar cuáles son las capacidades más necesarias. En dicha reunión también se analizó cómo afectaba a los países europeos la Cumbre de la OTAN que había tenido lugar un mes antes en Bruselas y en la que se había resaltado la necesidad de responder a las amenazas, vengan de donde vengan, con una arco de respuesta de 360 grados. Una «mirada al Sur» que se materializó con la creación de un Centro para el Sur dentro del Mando de la Fuerza Conjunta en Nápoles. Pocos días antes de esta cumbre, la ministra española se había reunido con sus homólogos de Italia, Francia y Portugal para concretar el contenido de una carta conjunta al secretario general de la Alianza. En ella incidían en la importancia estratégica del Mediterráneo, un escenario clave y prioritario en el que se entremezclan no sólo la amenaza del yihadismo, el desgobierno, la inestabilidad y la hambruna, sino también el tráfico ilegal de personas, armas y drogas. El 25 de marzo, en una cumbre extraordinaria, los líderes de la UE firmaron un documento de refundación, un pacto de intenciones y un compromiso de acción. Una vez más, la defensa de sus miembros y la capacidad de la Unión para exportar la paz y la estabilidad más allá de sus fronteras se convirtió en el más sólido soporte para afianzarse. En el Consejo de Roma se aprobó la operatividad plena de los Battle Groups Package, una fuerza que ya puede ser desplegada en un plazo de entre cinco a diez días en cualquier lugar. En junio se aprobó el Fondo Europeo de Defensa. Respecto a la PESCO, se limitó un plazo máximo de tres meses para que los socios determinen cuáles son los proyectos prioritarios y quiénes estarán dispuestos a participar en cada uno de ellos. Y los cuatro grandes se pusieron a ello. Las ministras de Defensa de España, Alemania, Francia e Italia se reunieron en París el 12 de julio para analizar cómo seguir avanzando en la Europa de la Defensa. El pasado 13 de noviembre, Dolores de Cospedal firmó en Bruselas la adhesión de España a la PESCO. Activada por primera vez, esta iniciativa es, según explicó la ministra, “la muestra definitiva de que el modelo europeo ha pasado de ser un simple proyecto para empezar a ser una realidad”. Rosa Ruiz Las ministras de Defensa de Italia, Alemania, Francia y España, junto a la Alta Representante de la UE —en el centro— en París, el pasado 12 de julio. Ricardo Pérez/MDE 10 Revista Española de Defensa Noviembre 2017


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