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REVISTA ESPAÑOLA DE DEFENSA 344

El programa del nuevo avión de transporte ha despegado en el Ala 31 con dos tripulaciones de vuelo y medio centenar de especialistas en mantenimiento de aeronaves SEIS pilotos y siete supervisores de carga del Ala 31 de Zaragoza vuelan ya el A400M con el que el Ejército del Aire se ha estrenado en la élite de la aviación militar de transporte. A punto de cumplir un año de servicio —el próximo mes de diciembre—, en las modernas instalaciones del primer T-23 —nomenclatura militar española de la aeronave— trabajan también alrededor de medio centenar de especialistas ligados al mantenimiento y la operación de este gigante con alas de patente europea. La plantilla de profesionales destinados en el 311 Escuadrón de Fuerzas Aéreas crecerá conforme se incorporen al mismo de manera progresiva un total de 14 aeronaves a lo largo de los próximos cinco años, hasta 2022. A finales de 2017 está previsto la llegada de la segunda aeronave, de reabastecimiento en vuelo. «El A400M se encuentra en el Ala 31 porque es la unidad de transporte de referencia en el Ejército del Aire y porque aquí ha venido operando el C-130 Hércules al que sustituye, ya en el límite de su vida operativa», asegura su jefe, el coronel Andrés Gamboa. «Por experiencia y tipo de misión, sus pilotos y personal de mantenimiento están a la altura para hacerse cargo del nuevo material». Los «elegidos» deben realizar previamente un curso de varios meses en el International Training Center de Airbus, en Sevilla. En opinión del coronel Gamboa, esa transición de un sistema de armas a otro supone un «salto cuantitativo y cualitativo muy grande», por el número de aeronaves —el Ala 31 cuenta en la actualidad con diez C-130— y porque «pasamos de la máquina de escribir al ordenador», subraya. «A la tablet», dice el capitán Pablo Guerrero, yendo más allá que su jefe, incidiendo en el cambio de filosofía que ya se aplica en el Al 31 a la hora de operar un avión de transporte que carga 400 sistemas informáticos gestionados por 200 ordenadores. «Estamos sustituyendo el Hércules, en el que se ven e, incluso, se escuchan, las averías y otras incidencias», afirma el brigada Miguel Ángel Cardo, supervisor de carga, por otro avión que, como indica su compañero, el subteniente Ramiro Ribeiro, mecánico con Licencia B.1, «dispone de una intranet de 60 ordenadores que hace todas las funciones de ayuda al piloto en caso de emergencia». «El propio avión te canta la avería», dice el teniente José Luis Ogea, ingeniero aeronáutico y responsable último de certificar que la aeronave está lista para volar de manera segura. Pilotos, supervisores de carga, mecánicos con Licencia B.1 y con Licencia B.2 —suboficiales mecánicos de Telecomunicaciones y Electrónica, denominados ahora aviónicos en el concepto Airbus—e ingenieros aeronáuticos constituyen el núcleo de profesionales a los que se les ha asignado la responsabilidad de situar al Ejército del Aire en la vanguardia del vuelo estratégico para potenciar extraordinariamente su poder expedicionario en los ámbitos logístico, táctico y de reabastecimiento. El A400M puede hacer el trabajo equivalente a tres Hércules a gran altitud, como un avión comercial, a velocidad supersónica y con un gran alcance o a muy baja cota, casi a ras de suelo, concentrando en un solo aparato el mayor número de capacidades y configuraciones de transporte militar posible. Un caso único en el mundo. J.L. Expósito Fotos: Pepe Díaz Noviembre 2017 Revista Española de Defensa 37


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