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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 122

106 PAULINO GARCÍA DIEGO El caso español Uno de los principales retos que debería afrontar Carlos III al llegar al trono español era el de que su equipo económico se asegurase de que la Real Hacienda podía recaudar suficientes ingresos para sufragar los gastos que podía implicar la eventual implicación española en la Guerra de los Siete Años. El precedente inmediato, el prolongado conflicto que comenzó con la Guerra del Asiento y continuó con la de Sucesión de Austria, no había sido muy halagüeño, si bien las circunstancias no eran las mismas. El anterior enfrentamiento con Inglaterra había comenzado en un momento en que la insuficiencia de los recursos de la monarquía española para afrontar gastos extraordinarios acababa de ponerse de manifiesto con el decreto de suspensión de pagos de marzo de 1739, originado por la coincidencia entre el “tour” andaluz de la familia real, los gastos de la boda del infante don Carlos y los preparativos militares con vistas a la guerra, que se declararía en octubre de ese mismo año tras el incidente de Jenkins. La causa del decreto de suspensión de pagos, firmado por Iturralde, secretario de Hacienda, era que a principios de 1739 ya estaban adjudicadas las rentas de ese año y gran parte del siguiente, ascendiendo la deuda acumulada a 490 millones de reales. Si bien fue razonable el intento del secretario Iturralde de reducir los gastos de la Casa Real, que se llevó a cabo, no lo fue en absoluto su proyecto de reducir los gastos militares ya en medio de una guerra, lo que sería rechazado por Felipe V y llevaría a su salida del gobierno en 1740 y al año siguiente a la de su sucesor Verdes Montenegro, defensor de la misma política16. Por tanto, la Real Hacienda se vería abocada a extraordinarias dificultades para movilizar recursos justo cuando más falta hacían. A pesar de la eficacia de Ensenada, secretario de Marina, que en la primavera de 1739 había comenzado a movilizar discretamente los medios a su alcance, estos se vieron limitados por la carencia de dinero, lo que llevó a solicitar al Consulado gaditano un préstamo de un millón de pesos (unos quince millones de reales de vellón) para hacer frente a los gastos más urgentes. Cádiz solo entregaría la mitad, con un premio del 8% sobre los efectos a bordo de la flota que zarparía a Veracruz en otoño, por lo que se buscó el resto en otras plazas comerciales garantizando el préstamo con los primeros caudales que llegasen de Indias17. 16  BAUDOT MONROY, M.: “Asientos y política naval. El suministro de víveres a la armada al inicio de la guerra contra Gran Bretaña”, en Studia Historica Edad moderna, nº 35 (2013), pp. 127-158. 17  Ibídem, p. 134. Revista de Historia Militar, 122 (2017), pp. 106-130. ISSN: 0482-5748


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