Page 116

REVISTA DE HISTORIA MILITAR 122

LA FUERZA DEL REINO. LAS POSIBILIDADES MILITARES… 115 operaciones naval, y de evitar por otra parte desestabilizar la posición de doña Mariana de Portugal, reina consorte y hermana de Carlos III, lo que sin duda sucedería si se amenazaba directamente la capital lusa. En este cambio hay quien ha querido ver también una maniobra de Isabel de Farnesio, que habría intercedido ante Carlos III en favor de doña Mariana. Para la invasión de Portugal se dispuso la movilización de casi 40.000 soldados españoles y de otros 8.000 franceses, que no tuvieron influencia alguna en el curso de la campaña. El 9 de mayo de 1762 comenzaron las operaciones desde Galicia ocupándose fácilmente las ciudades de Chaves y Braganza, prácticamente indefensas, así como Miranda de Duero, que aunque fortificada se vio obligada a capitular después de que una explosión accidental abriese una gran brecha en sus murallas. Desde allí el ejército español del Norte atravesó la meseta de Tras-os-Montes llegando hasta Torre de Moncorvo, que contra lo esperado fue declarada ciudad abierta, capturándose numerosos cañones y gran cantidad de munición. A pesar de estos éxitos el ataque a Oporto llegó a un punto muerto porque el mando español no había tenido en cuenta las dificultades para atravesar el país. Un retraso adicional estuvo motivado por el hecho de que el cuerpo principal del ejército español del Centro, al mando del conde de Maceira y cuyo objetivo era Almeida, se vio detenido en Zamora debido al desbordamiento del río Esla, que no pudo cruzarse hasta que se tendió un puente de pontones. En cuanto al ejército francés, las fricciones entre su mando y el español junto con las numerosas bajas sufridas a causa de las enfermedades, llevaron a que en la práctica no llegase a intervenir en la campaña. Por estos y otros motivos Sarria fue relevado en agosto de 1762, cuando ya se había perdido un tiempo precioso, puesto que mientras tenía lugar el lento avance español los ingleses tuvieron tiempo de transportar varios regimientos desde Belle Isle a Lisboa, donde desembarcaron en la tercera semana de julio, quedando el ejército inglés (unos 6.000 soldados) al mando del barón Tyrawley, más adelante relevado al caer enfermo por el conde alemán Guillermo de Schaumburg-Lippe, al servicio de Lisboa, que consiguió reunir un cuerpo de tropas anglo-portuguesas de 30.000 hombres. El sustituto de Sarriá sería el conde de Aranda, a quien Carlos III hizo regresar de Varsovia. Dos veces Grande de España y rico propietario, el conde de Aranda (1719-1789) había seguido la tradición militar paterna y llegaba al grado de capitán general a la edad de cuarenta y cuatro años. Anteriormente había servido en Italia con Fernando VI y ejercido de embajador, primero en Lisboa y luego en Polonia31. 31  ALBIAC BLANCO, M.D.: El Conde de Aranda. Los laberintos del poder. Zaragoza, 1998. Revista de Historia Militar, 122 (2017), pp. 115-130. ISSN: 0482-5748


REVISTA DE HISTORIA MILITAR 122
To see the actual publication please follow the link above