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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 122

116 PAULINO GARCÍA DIEGO Estos relevos en la campaña portuguesa acontecían en un momento en que era patente la inactividad militar hispano-francesa en el mar y en América, limitada a la desafortunada incursión a principios de julio de la pequeña escuadra de Ternay en Terranova y a la llegada a duras penas a Santo Domingo por esas mismas fechas de la escuadra francesa de Bienac, que despachó una fragata para reforzar al marqués del Real Transporte en La Habana. Arriaga cambiaría entonces de opinión y propondría intentar un ataque combinado contra Jamaica con las tropas y navíos disponibles en Santo Domingo y en La Habana. Sin embargo, la fuerza de los acontecimientos daría al traste con estos planes, puesto que al comenzar la primavera de 1762 los ingleses habían comenzado a organizar una gran expedición en el Caribe cuyo objetivo no era otro que La Habana, para lo que renunciaron de momento a su proyecto de ocupar Tobago. Se reunió una gran escuadra al mando del almirante Pocock con más de 50 navíos de guerra y 150 transportes. La flota llevaba a bordo a 20.000 marineros y soldados, estos últimos al mando del general Albermale, que aún serían reforzados por otros 4.000 procedentes de las colonias de Norteamérica. En el mes de mayo la flota llegaba a Bahamas y el 6 de junio de 1762 aparecía por primera vez a la vista de La Habana, situándose fuera del alcance de los cañones del Morro. Al día siguiente los británicos bombardeaban las fortalezas que defendían el perímetro defensivo de la ciudad, al tiempo que el ejército desembarcaba en la playa de Vacunara. Con el inicio de las operaciones la defensa de La Habana, que contaba con algo menos de 2.500 soldados, se vio reforzada con unos 3.000 integrantes de las milicias cuyo valor militar era limitado32. El capitán general y gobernador de la plaza, Juan de Prado y Portocarrero, cometió el grave error de impedir la salida de la escuadra del marqués del Real Transporte antes de la llegada de los ingleses. De este modo la flota española, compuesta por 18 barcos, entre navíos de línea y fragatas, quedó bloqueada en el puerto. Para prevenir el paso de la escuadra enemiga al interior de la bahía se dio orden de hundir tres buques en su entrada, agravando la situación puesto que no solo se condenó a los navíos españoles a la inacción durante toda la campaña sino que se liberó a la escuadra inglesa de la preocupación de organizar la defensa de sus transportes frente a una posible salida del puerto. En las semanas siguientes los atacantes ocuparon posiciones alrededor de la ciudad y centraron sus esfuerzos contra el castillo del Morro, bastión principal de la defensa al mando del capitán de navío 32  PARCERO TORRE, C. M.: La pérdida de La Habana y las reformas ilustradss en Cuba (1760-1763), Valladolid, 1998; CALLEJA LEAL, G. y HUGO O´DONNELL Y DUQUE DE ESTRADA: 1762. La Habana inglesa. La toma de La Habana por los ingleses, Madrid, 1999. Revista de Historia Militar, 122 (2017), pp. 116-130. ISSN: 0482-5748


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