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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 122

LA FUERZA DEL REINO. LAS POSIBILIDADES MILITARES… 117 Velasco. Tras la apertura de una brecha El Morro cayó en manos inglesas el 30 de julio, sellando el destino de La Habana, que fue sometida a constantes bombardeos por mar y tierra. El 11 de agosto se autorizaba al sargento mayor de la plaza, Antonio Ramírez de Estenoz, a presentar la capitulación, lo que se hizo al día siguiente. El 14 de agosto de 1762 los ingleses entraban en la ciudad, donde permanecerían durante casi un año. Carlos III acogió la noticia de la caída de La Habana con cierta resignación, de la que es muestra su carta a Tanucci de 26 de octubre en la que le decía: «Y no hay sino conformarse con Su Santísima voluntad, y tomar todos los medios posibles para con Su ayuda remediarlo lo mejor que se pueda», optando por mantener en su puesto a Arriaga, aunque el hecho de que en lo sucesivo fuese relegado a un segundo plano frente a Esquilache y Grimaldi no deja de ser sino una muestra de que había perdido el favor real. No de tan buen talante reaccionaría la opinión pública meses más tarde, cuando se conocieron más detalles de la derrota, clamando porque los culpables fuesen procesados y castigados para depurar sus responsabilidades y mostrándose particularmente indignada por la conducta del capitán general Prado y del marqués del Real Transporte, colaborador de Ensenada, al que se acusaba de haber actuado pensando en evitar la pérdida del dinero y efectos procedentes del Perú que se habían cargado en los barcos anclados en La Habana. Finalmente, tras un juicio que presidiría Aranda y que se prolongaría hasta 1765 el mariscal de campo Juan de Prado y el marqués del Real Transporte serían condenados a la privación completa de sus empleos y condecoraciones militares, a ser desterrados de la corte a más de 40 leguas de esta durante diez años y a resarcir con su patrimonio a la Real Hacienda y al comercio por los perjuicios causados33. Las noticias de La Habana oscurecieron la primera victoria de Aranda en Portugal. Tras su llegada al país vecino la campaña pareció salir del estancamiento, puesto que a mediados de agosto el ejército español conseguía cruzar el rio Côa, ocupando Castelo Rodrigo y poniendo la fortaleza fronteriza de Almeida bajo asedio. Para aliviar la presión sobre esta plaza el ejército angloportugués, que por aquel entonces sumaba unos 20.000 hombres, cruzó el Tajo y el 24 de agosto conquistó por sorpresa Valencia de Alcántara, capturando entre otros prisioneros a un general español y llevándose un importante botín de cereales. Sin embargo esta diversión no pudo impedir la caída de Almeida, que se produjo finalmente el 25 de agosto. Poco después se volvería a la situación anterior, ya que Lippe organizó la defensa sobre el río Zezere y ambos ejércitos ocuparon el resto del verano en estudiar las posiciones respectivas y 33  PARCERO, C.M.: La pérdida…, p. 288. Revista de Historia Militar, 122 (2017), pp. 117-130. ISSN: 0482-5748


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