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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 122

118 PAULINO GARCÍA DIEGO en llevar a cabo una sucesión de marchas y contramarchas. Las operaciones se estancarían a principios de octubre de 1762, cuando Lippe consiguió evitar que los españoles cruzasen el Tajo en Vila Velha de Ródao. Poco después la lluvia provocaba la crecida del río Zezere, haciéndolo impracticable y en el mes de noviembre fracasaron también los intentos de Aranda de ocupar dos pequeñas localidades, Marvao y Ougyela. En esta situación se llegó al final de las hostilidades, informando Aranda a Lippe el 24 de noviembre de 1762 de que se habían firmado los preliminares de paz, acordándose un armisticio que puso fin a una poco fructífera campaña en la que las armas españolas no habían conseguido ninguno de sus objetivos. El escenario de la guerra se trasladó también al Pacífico, donde se cernía un incierto destino para las posesiones españolas en Filipinas. La toma en 1761 de Pondichery, la capital de la India francesa, proporcionó a los ingleses la oportunidad de utilizar a las tropas destacadas en ese territorio para organizar una expedición contra Manila. En junio de 1762 se comisionó para llevar a cabo el plan de invasión al general Draper, que lo había diseñado varios meses antes y que acometió su misión con el mayor secreto. La fuerza expedicionaria inglesa que zarpó de Madrás el 1 de agosto de 1762 estaba al mando del vicealmirante Cornish y se componía de 8 navíos de guerra, 4 fragatas y 5 transportes, llevando a bordo 1.000 soldados y 2.000 auxiliares, además de 4.300 marineros. Su travesía hacia Filipinas se prolongaría durante casi ocho semanas. El 24 de septiembre de 1762 tenía lugar el desembarco en las proximidades de Manila y el 5 de octubre, tras unos pocos días de combates, el capitán general español, Simón de Anda y Salazar, rendía la ciudad, que abandonó para organizar una guerra de guerrillas. En los meses siguientes Simón de Anda consiguió evitar la salida de los británicos de la plaza y sofocar el intento de sublevación protagonizado por Diego Silang, que había sido promovido por los invasores, evitando de este modo la caída del resto de la isla de Luzón en manos inglesas. La defensa de Manila había estado a cargo del arzobispo don Manuel Rojo, que como ya se ha indicado accedió a garantizar el pago de un rescate de 4 millones de pesos de plata mexicana (unos 60 millones de reales de vellón) a cambio de evitar el saqueo de la ciudad (el “rescate de Manila”). Por esas mismas fechas apresaban los británicos al galeón Santísima Trinidad, procedente de Acapulco, con casi dos millones de pesos a bordo. Mientras se sucedían estos fracasos continuaban las operaciones en América del Sur, donde se conseguirían los únicos éxitos españoles en la guerra, aunque no tendrían influencia alguna en las negociaciones en curso en Europa. Pedro Antonio de Cevallos, gobernador de Buenos Aires, comenzó los preparativos para acometer la ocupación de la colonia del Sacra Revista de Historia Militar, 122 (2017), pp. 118-130. ISSN: 0482-5748


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