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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 122

LA FUERZA DEL REINO. LAS POSIBILIDADES MILITARES… 127 En cuanto a los fallos que se le atribuyen en el primer periodo de su reinado, es necesario matizar uno de ellos, el que sería el principal hito en materia de política exterior de estos primeros años, la renovación de la alianza con Francia, que era muy probablemente la única opción que le quedaba a España a la altura de 1760, y que una vez cerrada solo podía llevar a la guerra, en la que España se implicaría en el peor momento posible, cuando Francia estaba indefectiblemente derrotada. Las posibilidades de éxito eran escasas por la práctica imposibilidad de una potencia intermedia con ingresos limitados de mantener simultáneamente un ejército y una marina de dimensiones y efectividad considerables, tal y como pretendía Ensenada. Por otra parte, no era fácil elegir. La Armada era fundamental para la defensa de las líneas comerciales y de América, pero esa misma defensa y la posibilidad, por muy lejana que fuese, de un cambio en las relaciones con Francia no aconsejaba descuidar completamente el Ejército, que además ejercía funciones de policía. En cuanto a resultados, la breve guerra con Inglaterra de 1762 sumaría a las cuestiones pendientes de las décadas anteriores -Gibraltar, Menorca y Honduras, además del contrabando en las costas y puertos americanos- la recuperación de la Florida y el contencioso por las Malvinas. Se ponía término a la presencia francesa en el continente americano, con lo que el enfrentamiento entre España e Inglaterra, que iba a condicionar la política exterior durante el resto del reinando, parecía solo cuestión de tiempo. El único interrogante aparte del momento en que se produciría ese enfrentamiento era el de cuáles serían sus consecuencias perjudiciales, ya que España no podía situarse en condiciones de combatir en solitario a una Inglaterra capaz de multiplicar hasta niveles impensables sus recursos militares en caso de necesidad. Para la defensa de América se decidiría el refuerzo de las defensas mediante la construcción de fortificaciones y el envío de refuerzos, y se constituirían nuevas milicias provinciales, pero solo la rebelión de las colonias de Norteamérica haría entrever hacia 1775 una oportunidad de reanudar lo que en cierto modo era una partida aplazada. Sin embargo, la por aquel entonces criticada prudencia real aconsejaría, acertadamente, posponer la decisión durante casi cuatro años más, hasta 1779, aguardando a que se clarificase la situación una vez que se confirmaron las posibilidades de los insurrectos de dar un vuelco al curso de la guerra, hasta entonces confuso, y que se alcanzó al cerrar una amplia alianza que aseguró el apoyo, o al menos la neutralidad, de las principales potencias europeas. Sería solo entonces cuando se darían las condiciones para alcanzar el anhelado desquite. Revista de Historia Militar, 122 (2017), pp. 127-130. ISSN: 0482-5748


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