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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 122

ARDIDES Y ESTRATAGEMAS DE GUERRA 147 ral que se guarde de ser engañado por el enemigo con las mismas cautelas y argucias que él mismo empleaba.40 Una de las premisas a considerar en toda batalla era que las tropas estuvieran bien concienciadas de la importancia del encuentro que iban a mantener y que su espíritu de lucha alcanzara un nivel óptimo. En este sentido, Diego García de Palacio considera una obligación del capitán animar a sus soldados antes de la contienda y persuadirles “con dulces y animosas palabras y con buenas y dichosas esperanças”.41 Otros autores sugieren, como contrapunto a los padecimientos del soldado, la conveniencia de recompensar con honores a quienes hubiesen descollado en el cumplimiento de sus deberes militares, lo cual servía, al tiempo, de estímulo para otros. Otras fórmulas pasaban por prometer a los soldados todo el botín antes de entrar en combate, como un ardid de los generales para exacerbar los ánimos de los combatientes. Incluso se dieron casos en los que los propios soldados establecían un fondo común con todo lo apresado para distribuirlo luego de forma equitativa, si bien esto ocasionaba en la práctica violentas discusiones por el reparto realizado. Londoño, por ejemplo, menciona este sistema como el más perfeccionado y justo, siempre que lo llevasen a cabo personas honestas y fieles.42 Durante el siglo XVI, hubo frecuentes casos de motines en el seno del ejército que, por lo general, tenían como causa el retraso en la tardanza en recibir los soldados su salario. De nada sirvieron las recomendaciones de un espíritu idealista como el de Escalante que exhortaba al hombre de guerra a sufrir con resignación las adversidades, “euitādo por todas vias los motines, que por semejātes casos suelē suceder”.43 El retraso en las pagas tenía además otra faceta negativa en cuanto mermaba moralmente la autoridad de los mandos del ejército. Circunscrito a la época y espacio geográfico en que se escribió nuestro manuscrito, y según las estimaciones de Geoffrey Parker, en Flandes se sucedieron 45 motines durante el periodo de 1572 a 1607, cuyas consecuencias fueron perniciosas pues, al decir suyo, “los motines del Ejército de Flandes trajeron el desastre financiero y militar sobre España”.44 El ocurrido en 1574 es bien sintomático a este respecto, cuando la furia de los soldados españoles saqueó Amberes. 40  ONOSANDRO: De re militari, trad. Diego García de Alderete. Claudio Bornat, Barcelona, 1567, f. 13r. 41  Diálogos militares. Pedro Ocharte, Mexico, 1583, f. 78v. 42  LONDOÑO, Sancho de: Discurso sobre la forma de reducir la disciplina militar a mejor y antiguo estado. Rutger Velpen, Bruselas, págs. 9-12. 43  Op. cit., fol. 126r. 44  PARKER, Geoffrey: El ejército de Flandes y el Camino Español, 1567-1659. Alianza Editorial, Revista de Historia Militar, 122 (2017), pp. 147-154. ISSN: 0482-5748 Madrid, 1985, pág. 231.


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