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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 122

LA ACADEMIA GENERAL MILITAR 1927-1931: Segunda fundación 15 Introducción La institucionalización de la enseñanza militar en el siglo XIX está condicionada por el enfrentamiento entre las Armas Generales y los Cuerpos Facultativos. Las disputas abiertas en torno al tipo de enseñanza, militar o científico-técnica; de escala, abierta o cerrada; de reclutamiento, común o específico; corresponden a un discurso que, en la mayoría de los casos, defiende los privilegios inherentes a la condición facultativa de los Cuerpos que desempeñaban funciones afines a varias instituciones civiles: fabricación de armas y municiones, obras públicas, trabajos geodésicos y topográficos… Otra manifestación de esta rivalidad secular es el debate, ampliamente documentado2, sobre la necesidad de los colegios o academias generales, al que fueron ligados muchos de los proyectos docentes de esa época. Su creación y disolución eran fruto de decisiones políticas, ajustadas a intereses corporativistas. En España, el denominador común de todas las reformas militares, al margen de las penurias presupuestarias, es haber quedado inacabadas. La Academia General Militar; heredera de estos debates e inspirada en el proyecto3 de Escuela Nacional Militar, propuesto por la Comisión de Reorganización del Ejército de 1873; fue creada en Toledo en 1882, permaneció abierta hasta 1893 y en su seno se formaron 2.250 oficiales entre los que destacan Primo de Rivera, Berenguer, Silvestre, Calvancanti, Martínez Anido, Sanjurjo, López Pozas, Aguilera, Marzo… que no tardarían en ocupar puestos de gran transcendencia en la historia española. En ella empezó a forjarse el «espíritu de la General»4, seña de identidad que contribuyó a su reapertura en 1927. A este primer antecedente, es preciso añadir los que corresponden al proyecto autorizado en el Art. 1, f) de la ley de 17 de julio de 1904 y al de la comisión de 1918. El general Linares –ministro de la Guerra– firmó, en San Sebastián, el 17 de julio de 1904, el real decreto que autorizaba la creación de un «Colegio general militar» que tendría por objeto «facilitar los conocimientos que son comunes a todos los oficiales y no necesitan aprenderse desde el punto de vista especial». El centro residiría en Toledo, aunque la comisión 2  Dentro de los partidarios de esta corriente de pensamiento se integran Bustillo, Sánchez Osorio, Martínez Plowes, Almirante, Izquierdo Gutiérrez, Vidart, Lozano Montes, Banús y Comás, Moltó y Berrio, Villamartín, Villalba Riquelme, Ibáñez Marín, Sarmiento Lasuén… cuyas obras figuran en la bibliografía adjunta. 3  OROZCO Y ZUÑIGA, José de: Trabajos de la Comisión de Reorganización del Ejército. Imprenta del Correo Militar, Madrid, 1874. 4  GISTAU FERRANDO, Miguel: La Academia General Militar. Imprenta El Imparcial, Toledo, 1919, p. 34. Revista de Historia Militar, 122 (2017), pp. 15-60. ISSN: 0482-5748


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