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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 122

LA ACADEMIA GENERAL MILITAR 1927-1931: Segunda fundación 19 estudios permitirían un mejor aprovechamiento de los recursos disponibles. También, había quienes sostenían que las nuevas relaciones jerárquicas facilitarían el mando y la coordinación entre las diversas academias. Respecto al segundo aspecto, aparentemente más objetivo, se invocaban supuestos propios de economías de escala y la reducción de costes derivada de la concentración de los alumnos en un solo centro. Además, habría que evaluar las potencialidades económicas del emplazamiento, ya que el incumplimiento sistemático de los compromisos de inversión del Ayuntamiento de Toledo, en la etapa anterior, no deberían de repetirse. Hay argumentos para sostener tesis diversas. No obstante, vuelve la coyuntura a imponer sus designios. Una vez concluida la crisis africana, el general Primo de Rivera –tal como apuntan Valdesoto, Croisier, Payne, Seco, Preston…– dio máxima prioridad a la solución del «problema militar ». El problema o cuestión militar se había ido gestando a los largo del siglo XIX y se agudizó en las crisis subsiguientes al desastre del 98. En esencia, se trataba de varios problemas de gestión de personal, interrelacionados, que afectaban, individual y colectivamente, a todos los oficiales del Ejército, en alguna de las fases de su carrera profesional: reclutamiento, promoción y retiro. Aunque el sentimiento de postergación retributiva era un mal endémico generalizado, no era el único motivo de controversias corporativas. Los oficiales de la Armas Generales y de los Cuerpos Facultativos estaban enfrentados, en especial, por los distintos sistemas de reclutamiento y promoción articulados. La brecha se abría al contraponer el sistema de acceso común, aspiración de las primeras, al reclutamiento específico, propio de los segundos, y, sobre todo, el sistema de escala abierta que incluía los ascensos por méritos de guerra, arraigado en las Armas Generales, frente al sistema de escala cerrada o de promoción por estricta antigüedad, imperante en los Cuerpos Facultativos. Disputa que daba continuidad al pernicioso «dualismo» decimonónico del que todavía pervivían, en la primera parte del siglo XX, algunos agraciados ejemplares. Este cúmulo de desavenencias y agravios corporativos, que, en muchos casos, perjudicaban las nobles aspiraciones profesionales de los unos en beneficio de los otros, sembraron la discordia entre todos y quebraron la unidad del Ejército. El general Primo de Rivera decidió regenerar este «cuerpo enfermo de la milicia española» mediante una reforma global de la enseñanza militar, que, entre otras previsiones, recuperaba el sistema de enseñanza previsto para «introducir en nuestro Ejército el principio de unidad de procedencia»9. Previo a 9  RD. de 7 de diciembre de 1892, Exposición, Diario Oficial del Ministerio de la Guerra, núm. 269. Revista de Historia Militar, 122 (2017), pp. 19-60. ISSN: 0482-5748


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