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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 122

20 JOSÉ IZQUIERDO NAVARRETE la creación de la Academia General Militar, subyacente en esta reforma, debió de disolver el Cuerpo de Artillería10 debido a la oposición colectiva de los oficiales de Artillería, de la escala activa, a la implantación del sistema de ascenso por elección11 (escala abierta). Finalmente, un RD. de 20 de febrero de 1927, ya mencionado, creaba la Academia General Militar, como «esencia» de un «sistema completo de reclutamiento y preparación de mando militar», las Academias Especiales (Infantería, Caballería, Artillería, Ingenieros e Intendencia) y la Escuela de Estudios Superiores Militares, con una sección Militar (Estado Mayor) y otra Industrial (Ingenieros de electricidad, construcciones o industrias militares). Evidentemente, esta reorganización desposeía a los oficiales de Artillería, Ingenieros y Estado Mayor de su anterior carácter facultativo –fruto de tantas disensiones– y transformaba los cuerpos de procedencia de artilleros e ingenieros en Armas combatientes. En cuanto a la segunda cuestión, a la ubicación de la Academia en Zaragoza, se inscribe en el mismo proceso analítico de la anterior; aunque se trató de una decisión madurada desde los últimos decenios del siglo XIX. En primer lugar, responde al interés de las autoridades zaragozanas; ya que, en caso de emplazamiento, la ciudad obtendría importantes beneficios económicos y urbanísticos, según estudios previamente realizados. Zaragoza había sido sede de una Compañía de Distinguidos, creada por RO. de 26 de marzo de 1835, y un Colegio Preparatorio que se implantó en 1888; efímeros acontecimientos que no colmaron las aspiraciones municipales. El incendió del Alcázar de Toledo, el 9 de enero de 1887, indujo al Ayuntamiento zaragozano a reunirse en sesión extraordinaria secreta12, en la que se acordó nombrar una comisión para que trasladara, al Gobierno, el ofrecimiento de la ciudad de Zaragoza como sede de la Academia General Militar. En la sesión de 1 de febrero de 1887, se puso de relieve que la comisión, a la vista de la aflicción toledana, había limitado la solicitud, al ceñir su ofrecimiento al caso de que fuera imposible la continuación en el Alcázar. No obstante, como se tenía constancia de que «antes de ahora y sin el motivo del siniestro que Toledo deplora, había pensado el Gobierno, al intentar la reunión de todas las Academias militares, traerlas a esta ciudad»13, los representantes del Consistorio zaragozano aprovecharon la ocasión para reiterar la predisposición a acoger otras academias militares si se consideraba conveniente. Así mismo, los esfuerzos de la 10  RD. de 5 de septiembre de 1926. Diario Oficial del Ministerio de la Guerra, núm. 198. 11  RDL. de 26 de julio de 1926, Diario Oficial del Ministerio de la Guerra, núm. 165. 12  REDONDO VEINTEMILLAS, Guillermo: “La Academia General de Zaragoza y la Aljafería de Zaragoza: Un encuentro posible en 1887”, separata de Cuadernos de Aragón, núm. 25. Institución «Fernando el Católico», Zaragoza, 1998. 13  Ibídem, pp. 236-237. Revista de Historia Militar, 122 (2017), pp. 20-60. ISSN: 0482-5748


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