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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 122

28 JOSÉ IZQUIERDO NAVARRETE torio general, reglamentario en los cuarteles, y, aunque el general Franco había solicitado para los cadetes la superficie de 12 metros cuadrados, que fijaba el Reglamento de Obras Militares para los oficiales, el ministro de la Guerra los denegó y les adjudicó los 4 metros cuadrados que correspondía al soldado. La insistencia del general Franco, enumerando la gran cantidad de equipo y material que tenían a su cargo los cadetes, obtuvo, finalmente, la asignación «…de 8 metros cuadrados por plaza, como los sargentos».27 Los dormitorios se ubicaron en las naves de la primera y segunda planta de los nuevos edificios. Tenían capacidad para cincuenta cadetes que contaban, cada uno, con una cama, un «armario-papelera» y una silla. Con objeto de facilitar la adaptación de los recién llegados, la integración de las promociones y el fomento del compañerismo; se alojaban alternativamente, en la misma nave, cadetes de primer y segundo curso, de tal forma que se hacía responsable al cadete antiguo de los dos cadetes de nuevo ingreso que ocupaban las camas contiguas a la suya. Nació, así, la tradición del filio y del sobrino que materializa, más allá de un simple padrinazgo, un esfuerzo por fortalecer la cohesión de todos los oficiales y una puerta abierta a amistades que han perdurado toda la vida. La alimentación fue otro de los aspectos, no menos importante, de esta triada. El régimen de internado y la distancia de la Academia a Zaragoza hacían imprescindible dotarse de las instalaciones necesarias para garantizar la autonomía alimentaria. Se planteó la construcción y explotación de una granja de animales; así como, un Depósito de Víveres que suministraría a la cocina los artículos requeridos con antelación. Las comidas, tendentes a satisfacer más las necesidades energéticas que el paladar de los cadetes, eran responsabilidad del Capitán Interventor de Comidas; aunque, el médico de servicio y un profesor veterinario debían reconocer cuantos artículos intervinieran en la alimentación de los cadetes y, a su vez, el Jefe de Servicio tenía que inspeccionar la distribución de la comida y la confección del menú (Reglamento de Régimen Interior, Arts. 35 y 37). La alimentación era fiel reflejo de los cánones de la época; al café con leche de primera hora –la mencionada vaca–, sucedía un desayuno clásico, en el que las migas no siempre fueron bien recibidas; la primera comida o de mediodía era la más fuerte, a base de legumbres, pasta, carne, pescado, fruta o dulces; la segunda comida o cena, era más frugal, y constaba de sopa, verdura, pescado, huevos o fruta. Las comidas se realizaban en comunidad, en un gran comedor, muy bien decorado, que permitía distribuir mesas alargadas de diez plazas donde se alternaban los cadetes de primer y segundo curso. En cada mesa había un 27  CAMPINS AURA, Miguel: Op. Cit., p. 54. Revista de Historia Militar, 122 (2017), pp. 28-60. ISSN: 0482-5748


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