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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 122

30 JOSÉ IZQUIERDO NAVARRETE autoridades de la ciudad a la comisión organizadora de 1904, se impuso la idea de ubicar la academia fuera de Zaragoza, en los terrenos del campo de maniobras de Alfonso XIII. El general Primo de Rivera y el ministro de la Guerra, tal como relata el coronel Campins, querían que la instalación tuviera lugar en «un campamento análogo a los de Benítez, en Málaga, o de Sotomayor, en Almería»30, al igual que hizo la Academia Militar de los Estados Unidos en West Point. No obstante, la dureza del clima zaragozano y las carencias infraestructurales que entrañaba esa decisión harían extremadamente difícil que pudieran alcanzarse los objetivos educativos propuestos. Se impuso la cordura, por una vez, en nuestro Ejército y se decidió acometer una construcción de nueva planta. La elaboración del proyecto y la dirección de las obras fueron asignadas al teniente coronel D. Vicente Rodríguez y Rodríguez y al comandante D. Antonio Parellada García, ambos ingenieros, que recibieron de la comisión organizadora los requerimientos de albergar seiscientos cadetes, en régimen de internado, cuatrocientos soldados y estar en condiciones de iniciar el curso 1928-1929 en el mes de octubre; es decir, había que partir de la nada y, en un año escaso, tener todo dispuesto para iniciar las clases. Se imponía la urgencia. El primer proyecto que se presentó fue rechazado, debido a su excesivo coste. Finalmente, por RO. de 28 de octubre de 1927, se aprobó el proyecto que ascendía a 7.300.000 pesetas de la época y estaba dividido en tres subproyectos priorizados, por orden de realización. El primero comprendía la preparación del terreno y la urbanización, el segundo contemplaba la construcción del cuartel de tropa y de las cuadras para el ganado y el tercero correspondía a los edificios destinados a los cadetes, a la Academia propiamente dicha. Al conjugar la solución higienista de pabellones aislados, las propuestas de la Institución Libre de Enseñanza (enseñanza práctica, al aire libre, en contacto con la naturaleza…) y las condiciones extremas del clima de Zaragoza, en cuanto a viento y temperatura se refiere, se optó por disponer los edificios de tres plantas –baja, primera y segunda– alrededor de una plaza central, que sirviera de patio de armas para formaciones, de tal forma que dejaran espacios resguardados entre unos y otros. Otra novedad de diseño que parecía contravenir las tendencias en boga, fue conectar estos edificios con pasillos bien iluminados, con grandes ventanas abiertas al patio central, que facilitaban los desplazamientos a cubierto de las inclemencias meteorológicas. El teniente coronel Rodríguez y el comandante Parellada dieron otra muestra más de flexibilidad al adaptar las normas sobre la ubicación de letrinas –debían estar en 30  CAMPINS AURA, Miguel: Op. Cit., p. 53. Revista de Historia Militar, 122 (2017), pp. 30-60. ISSN: 0482-5748


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