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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 122

LA ACADEMIA GENERAL MILITAR 1927-1931: Segunda fundación 35 las Bodas de Oro (40 años) del primer beso a su Bandera. El duro trabajo de meses y meses daba sus frutos al inicio del verano, antesala de las vacaciones estivales y de las calificaciones de fin de curso. A los aprobados se les abría la puerta de promocionar a segundo curso y a los mejor calificados la posibilidad de convertirse en cabos o sargentos galonistas. Los galonistas ejercían funciones de auxiliar de los oficiales de servicio, se hacían responsables de una escuadra o pelotón de cadetes de nuevo ingreso, presidían las mesas en el comedor y desempeñaban los servicios de cabo de cuartel y sargento de semana en sus compañías orgánicas. En todo momento y circunstancia, se les exigía que fueran ejemplo de virtudes militares. El segundo curso transcurría por los mismos derroteros; no obstante, deparaba nuevos hitos, como la elección de Arma, acto de gran transcendencia para todos los cadetes. La elección de Arma se hacía en función de la media aritmética de las calificaciones obtenidas en los dos cursos y de las plazas asignadas, por el Ministerio del Ejército, a cada una de las Academias Especiales. La elección de las plazas disponibles se realizaba por orden decreciente de notas; los cadetes que no hubieran obtenido el Arma que deseaban, ni optaran por alguna de las restantes, tenían la posibilidad de repetir curso y preferencia en la elección del año siguiente. Por tanto, el destino a las correspondientes academias especiales ponía fin al primer ciclo de formación y a su estancia en la General. En sus tres años de andadura, la Academia General Militar vivió acontecimientos inolvidables, que forman parte de la institucionalización de la enseñanza militar y de la historia de España. Su inauguración oficial tuvo lugar, como ya se ha dicho, el 5 de octubre de 1928; fue presidida por el general Primo de Rivera, debido a que el estado precario de las obras desaconsejó la presencia del rey Alfonso XIII. Hubo que esperar casi dos años, hasta el 5 de junio de 1930, para que el centro estuviera en condiciones de recibir al monarca y demostrarle su grado de instrucción y lealtad. Se eligió esa fecha para que el rey Alfonso XIII hiciera entrega de la bandera al centro docente y, ante ella, jurasen las dos primeras promociones. El general Franco recibió de manos de Alfonso XIII la bandera de la General, de aquella bandera que su madre, María Cristina de Habsburgo Lorena, había encargado confeccionar para la Academia General Militar de Toledo, como póstumo homenaje al rey Alfonso XII. Refiere Puell de la Villa37, al recoger los recuerdos del general Gutiérrez Mellado, testigo de excepción de aquellas ceremonias, por ser uno de los cadetes que juró bandera, que los actos fueron minuciosamente preparados en todos sus detalles y se desarrollaron con gran brillantez. Así consta, 37  PUELL DE LA VILLA, Fernando: Gutiérrez Mellado. Un militar del siglo XX. Biblioteca Nueva, Madrid, 1997. Revista de Historia Militar, 122 (2017), pp. 35-60. ISSN: 0482-5748


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