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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 122

38 JOSÉ IZQUIERDO NAVARRETE les a la Patria, a acatar con disciplina las órdenes recibidas y a cultivar el noble compañerismo, el honor y demás virtudes militares que se les había inculcado. El acto de jovial despedida de años anteriores, camino de las academias especiales, se convirtió en un ¡hasta siempre!, doloroso e incierto, que ponía fin a la andadura de la Academia General Militar en Zaragoza. Sistema educativo El RD. de 20 de febrero de 1927 establecía un sistema de enseñanza que se desenvolvía en tres niveles: el primero, básico y común a todas las especialidades, correspondía a la Academia General Militar; el intermedio, de especialización, se cursaba en las Academias Especiales; y, el superior, en el que se dispensaban los conocimientos para desempeñar funciones de Estado Mayor o de Ingeniería de electricidad, construcciones o industrias militares, se impartía en la Escuela de Estudios Superiores Militares. El primer nivel era obligatorio para todos los cadetes y comprendía dos cursos; el segundo, también obligatorio, lo seguía cada cadete en la academia de su Arma, durante tres cursos, tras los cuales era promovido al empleo de teniente; y el tercero, de estudios superiores, estaba abierto a los jefes y capitanes de todas las Armas y Cuerpos, con más de dos años de mando de unidad, que superarán el preceptivo concurso-oposición. La esencia de este sistema, como reza la exposición de motivos del citado real decreto, era la Academia General Militar, y su articulación respondía a varios propósitos. En primer lugar, al empeño de atajar el corporativismo que atenazaba al Ejército desde el siglo XIX, preocupación máxima del general Primo de Rivera, que compartió con los miembros de la comisión organizadora de 1927. La solución a este problema, en el que se subsumían otros, exigía recuperar el principio de unidad de procedencia, es decir, que los oficiales de carrera, independientemente de su Arma o Cuerpo, hubieran superado las mismas pruebas de acceso y compartido algunos cursos comunes en el mismo centro de formación. El coronel Campins refuerza esta idea con las lecciones aprendidas de la Primera Guerra Mundial, ya que en todos los ejércitos se ha sentido: … una necesidad tan grande y tan imperiosa de mantener un estrecho enlace, una compenetración tal entre todas las armas, cuerpos y servicios del ejército, un conocimiento mutuo tan completo y perfecto, que la unidad de doctrina tan preconizada desde hace años se ha hecho más necesaria aún de lo que era antes…41 41  CAMPINS AURA, Miguel: Op. Cit., p. 18. Revista de Historia Militar, 122 (2017), pp. 38-60. ISSN: 0482-5748


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