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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 122

48 JOSÉ IZQUIERDO NAVARRETE recorrer íntegramente los alumnos, antes de pasar a un nuevo ciclo similar, más extenso, más profundo o más complejo. El sistema, ya ensayado en los colegios preparatorios militares55, se adoptó en la Academia: La enseñanza en general, sigue el sistema cíclico, es decir, primero hay que dar un visión de conjunto de las materias o ciencias a enseñar de cada grupo de asignaturas; y luego, por vueltas sucesivas alrededor de aquella idea prima, o de conjunto, se van ensanchando los horizontes, completando y ampliando lo que ya se estudió o inició en el ciclo o vuelta anterior56. El coronel Campins concibió el propio plan general de enseñanza del Ejército ajustado a este sistema. En un primer ciclo, se impartirían los conocimientos básicos y comunes a todas las Armas y Cuerpos, correspondería a la Academia General; en un segundo ciclo, volviendo sobre las mismas materias, se dispensarían las enseñanzas de cada Arma o Cuerpo, sería responsabilidad de las Academias Especiales; y, en un tercer ciclo, se formarían los especialistas, bien en las Escuelas Especiales (tiro, equitación, etc.) o en la Escuela de Estudios Superiores Militares. La ROC. de 17 de diciembre de 1927 insistía en la necesidad de dar mayor importancia a la parte práctica. La metodología se fundaba en el esfuerzo del profesor que debía mantener activada constantemente la motivación del cadete. En este sentido, los grupos de alumnos eran reducidos, las clases se distribuían de acuerdo con las curvas teóricas de atención, se alternaban clases cortas y largas, se intercalaban periodos de descanso y, tras la instrucción nocturna, se suspendían las actividades matinales del día siguiente. El profesor dedicaba la primera parte de su clase a explicar la materia, a la vez que los cadetes tomaban notas; luego, la segunda parte, se dedicaba a interrogaciones o ejercicios prácticos. Las clases se impartían, si era posible, al aire libre o en el laboratorio y con ayuda de los materiales, aparatos, artificios o armas reales. Los únicos libros de texto autorizados eran las Reales Ordenanzas y los reglamentos vigentes; en caso necesario, se entregaban apuntes y guiones elaborados por los profesores. Por tanto, los cadetes dedicaban sus horas de estudio a reordenar estos materiales y elaborar sus propios apuntes. La supresión de los libros de textos generó una honda polémica debido a los intereses creados en torno a su comercialización. Para el perfeccionamiento de idiomas se contaría con profesores nativos. En 55  LUXÁN Y GARCÍA, Manuel de: “Las discusiones del congreso Pedagógico Hispano-Portugués Americano, en relación con la enseñanza militar”, en Memorial de Ingenieros del Ejército, Año XLVII/11 (nov.1892), pp. 344-353. 56  CAMPINS AURA, Miguel: Op. Cit., p. 106. Revista de Historia Militar, 122 (2017), pp. 48-60. ISSN: 0482-5748


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