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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 122

52 JOSÉ IZQUIERDO NAVARRETE elección y a reivindicar su compromiso con las tareas educativas. Destaca que la enseñanza debe ser ejercida como sacerdocio antes que como oficio y tal idea «se fundamenta en que quien tiene que trabajar no es el alumno, sino el profesor»59. Al profesor se le exige una labor educativa continuada, más allá de las aulas, que requiere capacitación profesional, trabajo constante y ejemplaridad. De acuerdo con los fines pedagógicos de la Academia, considera que la idoneidad para ejercer las funciones de profesor será función del prestigio que hubiera adquirido en su especialidad, de su crédito como soldado y maestro de soldados, de su falta de prejuicios sobre la enseñanza militar, de su edad y entusiasmo, de su cultura y de la ausencia de sentimientos corporativistas. Ante la tesitura de minusvalorar a los oficiales facultativos, se pregunta: «¿De qué serviría un sabio en una Academia Militar, si no fuera militar por presencia, por esencia y por potencia?»60. El profesor debe educar y enseñar a obrar a los futuros oficiales, lo cual le exige un gran trabajo personal de preparación, actualización de conocimientos, explicación a los alumnos, práctica y juicio crítico. Además, es responsable de la calificación de los cadetes mediante observación e interrogaciones: orales, escritas y trabajos diferidos. Este esfuerzo que no podría prolongarse más de 5 ó 6 años, debería estar convenientemente recompensado, no solo con las retribuciones reglamentarias –causa de clamorosos agravios– sino mediante ascensos por elección. El coronel Campins reconoce con amargura que la supresión de estas ventajas, tradicionales en la enseñanza militar, ha desmotivado a muchos profesores, ha impedido que se cubran vacantes y ha obligado a nombramientos forzosos, nada provechos. Aunque el claustro de la General, en esta época, estuvo formado por oficiales de gran prestigio, adquirido en el mando de tropas en campaña, que rindieron a plena satisfacción de las autoridades militares; su designación y el trabajo desarrollado no han estado exentos de debate. Entre otros, Busquets61 criticó el procedimiento de selección, al primar los méritos de guerra y no establecer un baremo específico por asignatura, lo que benefició a los oficiales africanistas; Blanco Escolá62, en la misma línea, tildó la enseñanza de proceso de «fascistización» de los cadetes; Mª Rosa de Madariaga63 destacó el bajo nivel intelectual y escasa cultura de estos profesores… Opiniones sin demasiada consistencia; ya que, respecto a la designación, no 59  CAMPINS AURA, Miguel: Op., Cit., p. 89. 60  Ibídem, p. 129. 61  BUSQUETS BRAGULAT, Julio: El militar de carrera en España. Editorial Ariel, Barcelona, 1976 62  BLANCO ESCOLÁ, Carlos: La Academia General Militar (1928-1931). Labor, Barcelona, 1989 63  MADARIAGA, Mª Rosa: Los moros que trajo Franco. Ed. Martínez Roca, Barcelona, 2002. Revista de Historia Militar, 122 (2017), pp. 52-60. ISSN: 0482-5748


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