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REVISTA DE HISTORIA MILITAR 122

LA ACADEMIA GENERAL MILITAR 1927-1931: Segunda fundación 55 construcción a la hostelería, el transporte, las sastrerías, etc. El mutuo interés por facilitar la convivencia, dio paso a numerosas amistades, entre las que destaca la del general Franco con el matrimonio Urzaiz-Sala, parientes del difunto teniente coronel Valenzuela, en cuyo círculo entró en contacto con Serrano Suñer. Bastantes años después, como es sabido en Zaragoza, de esta amistad se aprovechó Dª Leonor de Urzaiz, ya viuda, para pedirle a su amigo «Paco», ya Jefe del Estado, el cemento que necesitaba para acabar las torres de la Basílica del Pilar. No solo proliferaron las relaciones personales, también se cuidó con esmero el cultivo de las institucionales. De esta época data la presentación de los cadetes a la Virgen del Pilar o las colaboraciones con la Universidad de Zaragoza. Del arraigo de la General en esta tierra dio cuenta, nuevamente, la prensa local, al anunciarse su clausura; no ahorraron tinta los periódicos, de uno y otro signo, para elogiar el trabajo de su Academia y criticar la «humillante» decisión de Azaña. La Academia General Militar fue uno de los instrumentos que se articularon, en 1927, para solventar la sempiterna «cuestión militar». La herida abierta en la unidad del Ejército, por los junteros y por el propio pronunciamiento militar de 1923, no dejó de sangrar durante la dictadura de Primo de Rivera, donde el activismo irredento de las Juntas de Defensa fue sustituido por el desafío del Cuerpo de Artillería. El RD. de 20 de febrero de 1927 fue la respuesta a la necesidad de atajar el corporativismo; por un lado, suprimiendo el carácter facultativo de los oficiales de Artillería, Ingenieros y Estado Mayor; y, por otro, instituyendo la unidad de procedencia. Es decir, se trataba de imponer la unidad en el Ejército mediante el principio de igualdad: en el reclutamiento, preparación y privilegios de los oficiales de la escala activa. La esencia de esta amplia reforma fue la General, una apuesta a largo plazo que, sin embargo, pronto fructificó. Y no tardaron en surgir las críticas. En primer lugar, de las partes interesadas, de los Cuerpos Facultativos, que al ver cercenados sus tradicionales privilegios alertaron de los males irremediables que acarrearía el bajo nivel de formación técnica. También se sumarían a estos corifeos, los «sabios» reformistas que sentían desoídas sus propuestas; los «catedráticos» que veían peligrar su poltrona; los redactores de libros de texto, que no querían renunciar a la bicoca… En segundo lugar, avispados personajes que rentabilizaron los agravios en su propio beneficio; fue el caso de Azaña al prometer, en un mitin electoral en Toledo, el retorno de la Academia a esta ciudad, o, el de Lerroux, años más tarde, haciendo lo mismo con Zaragoza. La General dejó de ser un asunto militar y se convirtió en una cuestión de lucro político. El proyecto docente de 1927 mantuvo una coherencia entre los fines y los medios que no ha alcanzado ningún otro proyecto en el proceso de Revista de Historia Militar, 122 (2017), pp. 55-60. ISSN: 0482-5748


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